¿Qué diferencias hay entre las tarjetas de crédito y los préstamos?

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La forma de contratación y de devolución del dinero, los intereses que cobran o la vinculación exigida son solo algunas de las diferencias que existen entre las tarjetas de crédito y los préstamos personales.

Las tarjetas de crédito y los préstamos personales sirven, aparentemente, para lo mismo: disponer de un dinero que no tienes en tu cuenta bancaria a cambio de abonar al banco unos determinados intereses. Ahora bien, eso no significa que sean productos iguales. Es más, entre ambas opciones existen enormes diferencias que debes tener en cuenta antes de optar por uno o por otro.

Para ayudarte a elegir, en Kelisto hemos seleccionado las diferencias más significativas entre las tarjetas de crédito y los préstamos personales, y hemos buscado varios ejemplos para que tengas bien claro cuál es de las dos alternativas de financiación es la que mejor se adapta a tus necesidades.                                                                       

1. La rapidez (y facilidad) de concesión

A la hora de solicitar un préstamo o una tarjeta de crédito, cualquier banco necesita realizar una evaluación de riesgos. Es decir, tiene que averiguar si es peligroso (o no) prestar cierto dinero a un cliente. Eso sí, la evaluación resulta más minuciosa en el caso de los préstamos personales que en el de las tarjetas de crédito.

Si vas a solicitar un préstamo personal, lo habitual es que el banco te pida el DNI (u otro documento identificativo), la última declaración de la Renta, las últimas nóminas e, incluso, una copia de tu contrato de trabajo. Además, la evaluación y tramitación del préstamo suele tardar varios días, salvo en algunas excepciones, como el Préstamo Expansión del Sabadell. En este caso, Banco Sabadell se compromete a responder las solicitudes en 48 horas si el solicitante ya es cliente del banco.

En el caso de las tarjetas de crédito, la tramitación suele ser mucho más rápida. Si pides una tarjeta de crédito a tu propio banco, la entidad ya conocerá cuáles son tus ingresos, si tienes deudas o si eres buen pagador. Por tanto, tardará mucho menos en evaluar los riesgos y podrá facilitarte la tarjeta casi de inmediato. En el caso de las tarjetas con las que no es necesario cambiar de entidad, sí será necesario un análisis algo más exhaustivo para saber cuánto ganas o qué tipo de contrato  tienes. Ahora bien, dado que la cantidad que te prestarán es, normalmente, inferior a la de un préstamo personal, las comprobaciones sobre el cliente suelen ir mucho más rápido.

2. La forma de facilitarte el dinero

Aunque las tarjetas de crédito y los préstamos sirven para facilitarte un dinero del que no dispones, cada una de estas dos opciones lo hace de una manera diferente. Los préstamos personales te ofrecen una cantidad concreta de dinero para una finalidad determinada que, normalmente, tendrás que justificar: por ejemplo, comprar un coche, reformar una casa o pagar un viaje. Una vez recibas ese dinero, tendrás que empezar a devolverlo, mes a mes, pagando unos intereses por ello.

Por el contrario, las tarjetas de crédito te permiten disponer de una cantidad de dinero fijada por el banco (en función de lo bueno o malo que sea tu perfil) que no necesariamente tendrás que usar. Por ejemplo, si tu entidad te concede una tarjeta con un saldo de 5.000 euros, ese será tu límite. Ahora bien, si en un momento dado solo la necesitas para hacer un pago de 300 euros, podrás hacerlo sin problemas y solo pagarás intereses por esa pequeña cantidad que hayas tomado prestada.

3. La cantidad que te conceden

Aunque todo depende del tipo de producto que comercialice cada banco, en líneas generales los préstamos personales ofrecen más dinero que las tarjetas de crédito. De media, los préstamos personales que comercializan las entidades permiten pedir prestado 37.600 euros, aunque hay casos como el Préstamo 123 o el Préstamo Coche del Santander con los que se puede pedir hasta 90.000 euros. Otros, como el Préstamo Naranja de ING Direct, el Préstamo Personal de Oficina Directa o el Préstamo 24h de Abanca dejan solicitar hasta un máximo de 60.000 euros.

En el caso de las tarjetas de crédito, el saldo se adapta al perfil de cada cliente, aunque con límites menores: por ejemplo, la Tarjeta Bankintercard Oro ofrece hasta 5.000 euros, el mismo tope que impone la Tarjeta EVO o la Tarjeta BP, entre otras.

4. Los intereses que pagas

Debido a su flexibilidad y a la rapidez de su aprobación, las tarjetas de crédito también suelen cobrar un interés mayor que los préstamos personales. Para aplazar una compra a 12 meses, las tarjetas de crédito que comercializan los bancos y otras entidades especializadas aplican un TIN medio del 21%, mientras que los préstamos cobran un 6,4% en promedio.

Por ejemplo, el Préstamo EVO ofrece financiación para cualquier finalidad a cambio de un interés del 8,45%, mientras que la tarjeta de crédito de EVO Finance aplica un TIN del 19,21%.

5. La vinculación

Otra de las ventajas de las tarjetas de crédito es su flexibilidad en la contratación. A día de hoy, la banca y otras entidades especializadas comercializan una veintena de plásticos que se pueden contratar sin tener que cambiar de banco, lo que amplía las posibilidades del consumidor de obtener financiación más allá de la oferta que le realice su entidad. Como podrás ver en nuestro ranking mensual, las mejores del mercado permiten obtener financiación a cambio de un TIN medio del 18,5%.

En cambio, la mayoría de los préstamos personales exigen que el consumidor sea cliente del banco –y en muchos casos, que tenga su nómina domiciliada- para poder acceder a su contratación, aunque existen algunas excepciones, como el Préstamo Naranja de ING Direct.

6. La forma de devolver la deuda

Las formas de devolver el dinero también son distintas en una tarjeta de crédito y en un préstamo personal. Cuando solicitas un préstamo, lo habitual es que acuerdes un plazo de devolución. Teniendo en cuenta ese período y los intereses que tendrás que abonar, el banco te calculará una cuota mensual fija que deberás abonar cada mes. En cambio, las tarjetas de crédito ofrecen distintas fórmulas de devolución:

  • Pago a final de mes, o a principios del mes siguiente: consiste en acumular todos los pagos que se hayan realizado en un mes y liquidarlos un día concreto a final de dicho mes o a principios del siguiente. Normalmente, esta opción no suele conllevar el pago de intereses.
  • Pago aplazado: esta fórmula conlleva el pago de intereses y también se conoce como pago revolving. Cuando se elige esta opción, el cliente determina una cantidad fija que quiere pagar cada mes, o bien, un porcentaje de la deuda total. La cantidad que se va devolviendo al banco se vuelve a sumar al saldo disponible que tiene la tarjeta.

7. La funcionalidad y las ventajas asociadas al producto

Además de la flexibilidad en su contratación y en su devolución, las tarjetas de crédito tienen una ventaja adicional frente a los préstamos personales: se pueden utilizar para pagar en establecimientos, o para sacar efectivo en cajeros, y permiten abonar cualquier cantidad por pequeña que sea.

Además, muchas de ellas incorporan ventajas extra, como la devolución de un porcentaje de las compras o distintos beneficios a la hora de viajar, como la acumulación de puntos para la compra de billetes de avión o los seguros de viaje. 

Para dar con el préstamo o tarjeta que mejor se adapta a tus necesidades, con las mejores condiciones, no te olvides de visitar nuestro comparador de préstamos personales y nuestro comparador de tarjetas de crédito. Con solo introducir algunos datos, nuestras herramientas te mostrarán todas las ofertas que se adaptan a tus necesidades, te permitirán cotejar sus características y contratar la que más te interese. Si prefieres que hagamos el trabajo por ti, visita nuestros rankings de los mejores préstamos personales y las mejores tarjetas de crédito del mercado, que ordenamos en función a criterios objetivos.

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