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¿Qué son las tarjetas bancarias? 

 

Las tarjetas son medios de pago que permiten que el cliente pueda abonar compras o servicios, o incluso aplazar los pagos, sin necesidad de llevar dinero en efectivo o de realizar engorrosos trámites con su banco: bastará con pasar uno de estos plásticos por un datafono o con facilitar los datos que lo identifican para poder hacer uno de ellas.

 

Sin embargo, en el mercado español conviven distintos tipos de tarjetas, además de varias marcar comerciales, como Visa o MasterCard. Por ello, es importante conocer correctamente cómo funciona cada una de ellas. De esta forma, el usuario podrá determinar cuál le conviene usar en cada momento y qué consecuencias tendrá su utilización.

 

¿Cómo funcionan las tarjetas de débito? 

Las tarjetas de débito son aquellas que permiten que el consumidor realice pagos o compras con cargo a una de sus cuentas bancarias. Es decir, los bienes o servicios que se paguen con este tipo de tarjetas se abonarán con el dinero que el consumidor tiene en su cuenta y, por tanto, si carece de fondos, no podrá utilizar este tipo de plásticos.

 

Algunos bancos sí permiten que sus clientes realicen algunos pagos con sus tarjetas de débito pese a que no dispongan de fondos en su cuenta. Eso sí, para ello habrá que pagar una comisión. ¿La razón? Cuando esto sucede, la cuenta del cliente empieza a estar en números rojos. Eso significa que tiene un “agujero” que podrá solventar gracias al dinero que le adelanta su entidad. Por tanto, a cambio de prestarle ese dinero que no tiene, su banco podría requerirle el pago de una comisión.

 

Para comprender mejor cómo se aplican estos cargos, hay que tener en cuenta que, por un lado, el banco va a cargar una notificación por descubierto: es decir, un coste por avisarle de que ha dejado la cuenta en números rojos. Una vez abonado este gasto, la entidad le cobrará un porcentaje sobre la deuda máxima que se acumule: la comisión sobre el saldo deudor. Por último, la entidad aplicará unos intereses de demora, es decir, un interés por haberle prestado el dinero que necesitaba.

 

¿Para qué sirven las tarjetas de débito? 

En cuanto a sus utilidades, las tarjetas de débito se pueden utilizar con diversas finalidades:

 

- Pagar compras

 

Abonar compras suele ser uno de los usos más habituales de las tarjetas de débito. Normalmente, los comercios disponen de datafonos para poder realizar esta gestión, es decir, herramientas con las que pueden cargar al consumidor el coste de una compra o de un servicio. Ahora bien, es importante saber que las tiendas o cualquier otro establecimiento no están obligados a permitir el uso de la tarjeta. Eso sí, si no lo hacen, tendrán que indicarlo en un lugar visible.

 

- Sacar dinero en cajeros

 

Otro de los principales usos de las tarjetas de débito es el de sacar dinero de los cajeros. Estos dispensadores permiten que el consumidor pueda extraer efectivo de su propia cuenta para poder utilizarlo en cualquier momento. En España, existe más de 50.000 máquinas en las que se podrá llevar a cabo esta operación: la mayoría de ellas pertenecen a la red Servired, y el resto, a Euro6000 y 4B. Lo normal es que los bancos no cobren a sus clientes por sacar dinero directamente de sus cajeros. Ahora bien, cosa distinta sucede si se trata de un dispensador de otra entidad: en ese caso, habrá que preguntar por la política de comisiones que tiene cada banco para saber si le aplicará algún coste y a cuánto ascenderá.

 

- Comprar por Internet

 

Por su facilidad de uso y, sobre todo, por su seguridad  y garantías, las tarjetas de débito se han convertido en uno de los medios más habituales para abonar las compras que se realizan a través de Internet.

 

¿Qué son las tarjetas de crédito? 

Las tarjetas de crédito son medios de pago que, en apariencia, son muy similares a las tarjetas de débito: su formato es prácticamente el mismo (una tarjeta de plástico)  y también disponen de una numeración, un PIN para que el cliente realice pagos con seguridad y un CVV (o código de verificación de las tarjetas) que se utiliza, por ejemplo, al realizar compras online.

 

Sin embargo, su funcionamiento es muy distinto al de las tarjetas de débito: en este caso, no es necesario que el consumidor disponga de dinero en su cuenta para poder realizar una compra o un pago: su propio banco se encargará de prestarle lo que necesite, a cambio de que se lo devuelva en un momento determinado y a cambio del pago de un interés.

 

Ahora bien, para poder acceder a un servicio como el que prestan las tarjetas de crédito, el consumidor no solo debe estar dispuesto a pagar un interés. También se tendrá que someter a un análisis de riesgos que realizará la entidad que le concederá la tarjeta. Solo de esa forma, y tras analizar su solvencia, el banco podrá determinar si se la concede o no, y a cuánto asciende el saldo que le permite pagar con ella. Es decir, el usuario tendrá que someterse a un examen parecido al que tendría que pasar cuando pide un préstamo.

 

¿Qué formas de pago puedo elegir con tarjetas de crédito? 

A la hora de optar por tarjetas de crédito, el consumidor debe tener presente que existen distintas formas de pago: todas las tarjetas de crédito se caracterizan por prestar al usuario un dinero que no tiene pero, en función del plazo de devolución que se establezca, habría que distinguir entre varios formatos:

 

- Las tarjetas de pago mensual

 

Cuando se utilizan este tipo de plásticos, el cargo de la compra realiza un mes se suele pasar a la cuenta del usuario en los primeros días del mes siguiente (entre el 1 y el 5, normalmente). En este caso, muchos bancos no aplican intereses por realizar la operación y, si lo hacen, suelen ser menores a los que se cobrarían con la modalidad de pago aplazado o revolving.

 

- Las tarjetas revolving o de pago aplazado

 

Esta forma de pago permite que el cliente bancario aplace el pago de una compra en distintas mensualidades, tal y como haría, por ejemplo, con un préstamo personal. Ahora bien, hay que subrayar que, habitualmente, el interés que se cobra por este aplazamiento suele ser mayor que el que habría que abonar con otras herramientas de financiación, como los préstamos personales. Además, el usuario debe ser especialmente cuidadoso si opta por este tipo de pagos: normalmente, las entidades permiten elegir la cuota que se querrá pagar cada mes para poder devolver la deuda. Si esa cuota fuera demasiado baja, el usuario podría no llegar a cubrir ni el pago de los intereses pendientes. Por tanto, la devolución se iría eternizando y, con ello, se dispararían los intereses que habría que devolver al banco.

 

¿Para qué sirven las tarjetas monedero? 

Las tarjetas monedero son un medio de pago con los que, normalmente, solo se pueden abonar cantidades de dinero muy pequeñas. Además, al contrario de lo que sucede con los formatos de débito o de crédito, ni es necesario que el cliente vincule a estos plásticos una cuenta bancaria ni que su banco le haya concedido una determinada línea de crédito. Para poder usar las tarjetas monedero, tan solo es necesario que el usuario le transfiera una cierta cantidad de efectivo, que será de la que pueda hacer uso. Es decir, como su propio nombre indica, este tipo de plásticos funcionan como un monedero virtual: el consumidor deposita en él una determinada cantidad de dinero y esa será la única cifra de la que podrá disponer.

 

Pese a que, a priori, su uso podría parecer muy limitado, lo cierto es que el uso de estas tarjetas conlleva números beneficios para el usuario. Por ejemplo:

 

- Se trata de un medio de pago muy seguro, por ejemplo, para comprar por Internet. Al no  tratarse de tarjetas vinculadas a una cuenta bancaria, en caso de fraude, el consumidor solo vería peligrar una cantidad limitada de dinero, en lugar de poner en peligro todo el efectivo que acumule en su banco.

 

- Permiten controlar los gastos, ya que el usuario sabe qué dinero ha ido metiendo y, una vez llegue a su fin, sabe que no podrá disponer de nada más

 

- Son útiles para su uso entre los más jóvenes: por ejemplo, cuando no están acompañados de los más mayores de la casa y tienen que realizar un viaje solos, las tarjetas monedero son una buena solución para no llevar mucho dinero encimar y controlar los gastos.

 

- En líneas generales, son una buena solución para no tener que llevar mucho dinero encima o cuando, por cuestiones de seguridad, no se quiere llevar tarjetas que estén vinculadas a una cuenta.

 

Ahora bien, lo cierto es que no todo son ventajas. Al usar tarjetas monedero, el consumidor también tiene que estar atento a ciertas cosas. Por ejemplo, es importante que se controle el gasto que se va realizando para evitar quedarse sin saldo en el momento menos oportuno. Asimismo, es esencial que se consulte la política de comisiones que aplica cada entidad ya que, en algunas ocasiones, es posible que las  transferencias de dinero a las tarjetas monedero estén sujetas al pago de una comisión.  Por último, es importante considerar dos posibles limitaciones: que exista un tope mínimo o máximo de recarga que se pueda efectuar y que haya ciertos comercios en los que no se pueda pagar con este tipo de tarjetas.

 

Además de las tarjetas monedero tradicionales (las que tienen el mismo formato que un plástico de débito o un de crédito), cada vez son más los bancos que lanzan sus propias tarjetas monedero virtuales o digitales. Es decir, un sistema de pago que funciona igual que las tarjetas, pero sin la necesidad de un soporte físico. La ventaja de este nuevo formato de tarjetas monedero es que, en muchos casos tienen una duración limitada: muchas de ellas están pensadas para compras online y, por tanto, una vez realizada la transacción para que la se crearon, dejan de existir.

 

Tarjetas de fidelización o comerciales: ¿cómo funcionan? 

Las tarjetas de fidelización son un tipo de tarjetas de crédito con unas características específicas. Al contrario que las tarjetas de crédito ordinarias, las de fidelización están emitidas, normalmente, por empresas especializadas (en lugar de bancos) y se comercializan por parte de establecimientos comerciales, como El Corte Inglés, Iberia e Ikea, entre otros.

 

Además, se caracterizan porque no solo permiten que sus usuarios puedan disponer de una línea de crédito para poder pagar compras. También les permiten disfrutar de una serie de ventajas, como por ejemplo, la posibilidad de obtener descuentos en compras o puntos con los que se podrán obtener regalos o rebajas.  Con este tipo de tarjetas, el consumidor también podrá acceder gratuitamente a algunos de los servicios que ofrecen los establecimientos comerciales que las comercializan, como la estancia en el parking.

 

Entre sus particularidades, también se pueden distinguir otros rasgos. Por ejemplo:

 

- Se trata de herramientas de pago muy flexibles, ya que no exigen que el consumidor cambie de banco paga poder hacerse con una de ellas. Simplemente, la entidad o empresa que las emite tendrá que certificar que cumple con unos requisitos de solvencia determinados

 

- Pese a su flexibilidad, estas tarjetas también pueden tener ciertas limitaciones. Por ejemplo, es posible que no dejen sacar dinero del cajero, como sí se podría hacer con otras modalidades de tarjetas

 

- Sus ventajas se limitan a las compras realizadas en los establecimientos que las comercializan. Así, frente a las promociones de algunas tarjetas ordinarias (que ofrecen, por ejemplo, descuentos en cualquier tipo de compra), las tarjetas de fidelización solo permiten acceder a promociones especializadas en las tiendas para las que se emitieron o, como mucho, en una lista de establecimientos colaboradores.

 

En cuanto a las formas de pago que se pueden elegir con este tipo de tarjetas, se trata de las mismas que tendría cualquier tarjeta de crédito. Es decir:

- El pago a fin de mes, en el que el cargo a cuenta se efectúa a  comienzos del mes siguiente al de la fecha de la compra

- El pago revolving, o aplazado, en el que el pago de la compra se fracciona a cambio de que el cliente abone unos intereses. Dada la flexibilidad de este tipo de tarjetas, normalmente los intereses que aplican suelen ser más elevados que los que habría que pagar con una tarjeta con vinculación bancaria.

 

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¿Qué comisiones tendrás que pagar por usar tarjetas?

 

Utilizar cualquier tipo de tarjetas suele estar vinculado al pago de algunas comisiones. Eso sí, hay que tener en cuenta que algunas de ellas se pueden evitar si, por ejemplo, se realiza un consumo mínimo cada cierto  tiempo (al año o al semestre, por ejemplo) o bien si el consumidor domicilia una nómina en el banco que emite el plástico en cuestión.

 

Las comisiones más habituales que se cargan por el uso de tarjetas son:

 

1. Costes de emisión y renovación

 

Se trata de dos cargos distintos. El primero de ellos solo se cobra cuando el banco envía la tarjeta correspondiente al cliente. Es decir, es un pago único. El segundo, se suele cobrar de forma periódica según lo que acuerde el cliente con su  banco: una vez al año, una vez al trimestre, etc. En algunos casos, la primera tarjeta que solicite el consumidor puede estar exenta del pago de estas comisiones. Ahora bien, si solicita alguna más, o tener un usuario adicional, es posible que su entidad sí le aplique cargos.

 

2. Comisiones por extraer dinero en cajeros

 

A la hora de analizar las comisiones que habrá que pagar por sacar dinero del cajero, hay que distinguir entre los que sucede con las tarjetas de débito y con las de crédito. Con las tarjetas de débito, el consumidor nunca tendrá que abonar ningún cargo por sacar en dispensadores de su mismo banco o de entidades con las que la suya tenga algún tipo de acuerdo. Ahora bien, con el resto, la cosa cambia: la entidad dueña de cada cajero puede decidir qué hacer y, por tanto, en la mayoría de los casos sí se aplica un gasto al usuario. Eso sí, determinados bancos deciden asumir ese gasto si, por ejemplo, se sacan cantidades de dinero superiores a un límite. Para hacer efectivo ese  “regalo” de las comisiones, el banco devolverá la cantidad pagada por el cliente en forma de comisiones a final de mes o del período de liquidación que establezca.

 

En el caso de las tarjetas de crédito, siempre habrá que pagar una comisión por sacar dinero del cajero, sea quien sea el dueño de la máquina. ¿La razón? Cuando un usuario sacar dinero con un plástico de crédito está haciendo uso, en realidad, de una línea de crédito que le facilita su banco. Por  tanto, tendrá que pagar unos intereses por ello, más allá del propio coste que pudiera repercutirle cada entidad por hacer uso de su máquina.

 

3. Comisión por consulta de saldo en cajeros

 

Este tipo de comisiones se articula de forma parecida a lo que sucede con los gastos por sacar dinero del cajero. Normalmente, el banco que emite la tarjeta (ya sea de débito o de crédito) no va a cobrar nada si el usuario desea consultar sus movimientos o el saldo disponible. Ahora bien, si quiere hacerlo en dispensadores de otra entidad, sí tendrá que hacer frente al pago de una comisión.

 

¿Qué comisiones deberás pagar si usas tus tarjetas en el extranjero? 

 

Cuando se utilizan las tarjetas en el extranjero, hay que tener en cuenta que el  tipo de comisiones que habrá que pagar  tienen mucho que ver con el país en el que se encuentre el consumidor:

 

- Dentro de la Zona Euro

 

La comisión que cobren las entidades por sacar en cajeros de países como Francia, Alemania o Italia nunca podrá ser superior a la que hubiera que pagar en territorio nacional. A la hora de pagar compras, no habría que abonar ninguna comisión.

 

- Fuera de la Zona Euro

 

Cuando se saca de cajeros situados en países que no son de la Eurozona, la comisión por realizar esta gestión suele ser mayor. Además, tanto en la extracción como al realizar compras, es habitual que se cargue una comisión por cambio de divisa. Por último, en algunos países puede haber cajeros en los que se apliquen las llamadas “surcharge fees”, unas tasas de recargo que aplica el banco dueño de la máquina.

 

5. Comisión por recarga de saldo (solo en tarjetas monedero)

 

No suele ser habitual pero, en algunos casos, es posible que la entidad que emite una tarjeta monedero cobre a sus clientes por realizar transferencias por recargar el saldo.

 

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¿Qué medidas de seguridad debes implementar si utilizas tarjetas?

 

- Los usuarios habituales de tarjetas deben tener en cuenta una serie de medidas de seguridad para evitar su uso fraudulento. Por ejemplo:

 

- Llevar siempre tarjetas firmadas o en las que se haya escrito el mensaje “pedir DNI”

 

- Cuando se realicen pagos en lugares como restaurantes, es mejor acompañar al camarero par que te realice e l cobro, en lugar de dejarle la tarjeta; si no, espera a que acuda a la mesa con el propio datafono

 

- Hay que procurar no llevar el código PIN escrito en ningún lugar cercano a la tarjeta

 

- Es importante guardar los justificantes de cobro de los establecimientos, sobre todo si en ellos figuran los datos personales del usuario

 

- Cuando no se vayan a utilizar, es mejor no viajar con muchas tarjetas, ni de crédito ni de débito

 

- Antes de realizar pagos con tarjeta por Internet, hay que comprobar si la transacción se va a realizar a través de una página web segura

 

 - En caso de que sea necesario facilitar los datos de la tarjeta por teléfono, hay que procurar hacerlo desde un lugar donde nadie pueda oírnos

 

- Llevar apuntados los teléfonos para cancelar tarjetas es esencial para evitar problemas en caso de robo o pérdida.

 

- En los cajeros, es importante tapar el teclado antes de marcar el número secreto