‘El Pescao’: “Me alegraré toda la vida de haber finiquitado mi hipoteca antes de que estallara la crisis”

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David Otero, ‘El Pescao’, se emancipa por segunda vez. La primera ya sucedió en 2010, cuando lanzó su primer disco tras la separación de ‘El Canto del Loco’. Y ahora, Otero se divorcia amistosamente de su compañía discográfica para autofinanciar su próximo trabajo y hacer las cosas de otra manera, como realmente a él le gustan.

Para el cantante y compositor, esta nueva aventura no solo implica el riesgo y la incertidumbre de convertirse en un emprendedor. También, contar con nuevos compañeros de viaje: sus fans, a los que quiere hacer partícipes de todo el proceso de creación, desde la elección de las canciones hasta la grabación o las decisiones de su estrategia de marketing. “No tengo nada en contra de las multinacionales. Es más, estoy súper agradecido, pero mi espíritu va por otro lado, y la manera de conseguir lo que yo quería era haciéndolo de forma independiente”, asegura.

¿Se ha convertido la industria musical en una gran maquinaria alejada del público?

Yo diría que se ha vuelto una estructura poco ágil a todos los niveles. Tanto, que esto afecta a una serie de detalles que te llevan a tomar una decisión. Por ejemplo, pasa con algo tan esencial como los contratos. Los contratos de las multinacionales son para gente que ha estudiado derecho y se ha especializado durante años en estos temas, porque cuando ves uno, no entiendes nada. Cuando decidí renovar con mi discográfica, simplificar esos contratos era una de las cosas que les pedía pero, lógicamente, no iban a hacer una excepción conmigo.

¿Y en qué ha cambiado ahora todo eso?

Pues con la empresa con la que trabajamos, Muwom, hemos pasado de tener un contrato de 30 o 40 páginas, a uno de dos. Con lo cual, todos los puntos quedan muy claros, el acuerdo es sencillo y, sobre todo, lo comprendo yo, que es lo más importante. Al final, un contrato es el alma de un encuentro entre dos partes: el músico y la plataforma que vende tu disco. Y si por ahí empiezas mal… Lógicamente, las multinacionales hacen muchas cosas bien, pero conmigo no iba esa forma de hacer música. Yo quería algo más sencillo, más limpio, con una estructura más cercana.

Desde el punto de vista económico, ¿interesa emprender una aventura como esta?

Eso es algo que no podré saber hasta dentro de un año y medio. Al final, es una aventura como la que comienza cualquier emprendedor. Es más arriesgado que trabajar con alguien. Con una multinacional, por ejemplo, sabes que te pagan un adelanto, te financian el disco, te hacen la promoción… Ahora, yo me pago mi propio disco, y eso supone una inversión muy grande que no sé si voy a recuperar. Aún así, hay que lanzarse al vacío y confiar en que habrá gente que nos va ayudar.

Hablando de dinero, ¿crees que eso es algo que puede hacerte feliz?

Todo depende de dónde vivas y del ambiente en el que te muevas. En una sociedad occidental como la nuestra, donde se supone que si no tienes dinero no tienes la capacidad para realizar todo aquello que se supone que nos da la felicidad, es más complicado. Ahora, si te fijas en otros lugares de África o Latinoamérica, donde parte de la sociedad vive en una enorme situación de pobreza, los valores son otros. Y ahí sí resulta más fácil.

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¿Cuál es la lección más importante que has aprendido en tu vida sobre el dinero?

El no tener ninguna deuda. Hace unos años, por ejemplo, tenía un dinerillo ahorrado y dije “venga, me quito la hipoteca de encima” y me alegraré toda la vida de haber tomado esa decisión antes de que estallara la crisis. 

¿Cuál es tu posesión más valiosa?

Mi familia, sin duda. Es lo más importante que tenemos todos, mucho más que una casa o que un proyecto profesional.

Si tuvieras que irte a una isla desierta, ¿qué tres cosas te llevarías?

Lo tengo claro: a mis dos hijos y a mi mujer.

A la hora de pagar, ¿eres más de efectivo o de tarjeta?

Suelo ser un poco desastre con el efectivo. A veces cojo dinero, otras veces se me olvida… Puedo tener un billete de 20 euros en mi mesilla de noche y que se quede ahí durante semanas. El otro día, por ejemplo, fui a una papelería a comprar unas cosas y se me olvidó el dinero, así que tuve que volver a casa, luego volver a la tienda…

¿Te gusta pagar las cosas a tocateja o prefieres financiarlas siempre que puedas?

Cuando quiero algo, solo me lo compro si puedo. No me gusta vivir por encima de mis posibilidades.

¿Dirías que eres ahorrador o derrochador?

Depende de para qué cosas. Para la cultura, soy un derrochador. Me paso el día comprando libros, CDs, DVDs… Sin embargo, paso por delante de una tienda de ropa y me da igual. Tampoco escatimo en viajar. Es una de las posibilidades más bonitas que me da mi trabajo.

¿Cuál es el capricho más caro que te has regalado?

Un guitarra súper especial en la que me gasté un dineral… pero no te voy a decir cuánto (ríe). La vi y me enamoré. Y, al final, no deja de ser mi medio de trabajo. Lo bueno es que, como es una obra de arte –porque es una edición limitada- si algún día la quiero vender, seguro que lo haré por más de lo que me costó.

¿Cuál es el recuerdo más bonito de todos estos años en el mundo de la música? ¿Y el más duro?

Ambos están directamente relacionados y tienen mucho que ver con las personas. Lo peor fueron aquellos que nos dejaron tremendamente desencantados cuando estábamos en “El Canto del Loco”. Nos engañaron de principio a fin, nos hicieron creer cosas que no eran verdad… Eso pasa muchísimo en el mundo de la música y es algo que te puede llegar a desestabilizar más que el propio éxito. Y lo mejor es que siempre te encuentras con gente que merece la pena y que le pone ilusión a las cosas. Quizá ahora sea el mejor momento en ese sentido porque he encontrado el tipo de equipo que quería para este proyecto.

¿Cuál crees que ha sido el día más importante de tu carrera?

Mañana, seguramente. Espero que ese día aún esté por llegar.

¿Y el mayor logro?

También espero que esté por llegar. Siempre trato de no pararme mucho en lo conseguido. El gran reto ahora es mi nuevo proyecto.

 

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