¿Quién necesita un seguro de Vida-Riesgo?

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Kelisto analiza las características básicas de los seguros de vida con el objetivo de determinar para qué tipo de perfil de cliente sería recomendable contratar estos productos.

Las pólizas de vida pueden ser de dos tipos básicos: de Riesgo, que son aquellas que están vinculadas a riesgos de la vida humana y que, en consecuencia, generan el cobro de una indemnización en caso de muerte o invalidez; y las de Ahorro, cuya misión principal es el ahorro a largo plazo y, en muchos casos, están diseñadas para complementar la jubilación. El objeto de este análisis son los seguros de Vida-Riesgo.

¿Por qué se contrata un seguro de Vida-Riesgo?

El propósito fundamental de un seguro de Vida-Riesgo (a partir de ahora seguro de vida) es hacer frente a la falta de ingresos que se produce en un núcleo familiar cuando una persona perteneciente al mismo fallece o sufre un accidente o enfermedad que le provoca una situación de invalidez. Las coberturas clásicas son, por tanto, fallecimiento, invalidez y dependencia.

¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de elegir el seguro de vida?

En este tipo de seguros es muy importante cuantificar correctamente las necesidades para buscar el producto que mejor se adapte a ellas. Además, cada vez se segmenta más y se han lanzado seguros para, por ejemplo, niños, solteros, autónomos, vinculados al alquiler (frente a la hipoteca), etc.                                                                   

¿Cómo se calcula el capital a asegurar en una póliza de vida?

La suma que se debe asegurar puede variar en función de muchos factores: la etapa de la vida en la que el individuo se encuentre, las circunstancias personales o el patrimonio del que se disponga. Por tanto, a la hora de decidir esa suma que se asegurará, de la que va a depender el precio del seguro, hay que tener en cuenta: el salario o los ingresos profesionales; los costes recurrentes del hogar, como el alquiler o hipoteca, lo que se consume en luz, agua, gas, teléfono o Internet, los gastos de alimentación o del personal doméstico; el coste del transporte; los gastos que suponen el colegio y las actividades extraescolares de los hijos; o lo que pesan en el presupuesto familiar los desembolsos de las cotizaciones a la Seguridad Social y las primas de otros seguros como el de hogar, autos o salud.

6 perfiles de cliente a los que se recomienda contratar un seguro de vida

Kelisto ha analizado seis perfiles de cliente para los que se justificaría contratar un seguro de vida por su situación personal o patrimonial.

1. Un soltero de 30 años sin hipoteca

El primer perfil analizado es el de un hombre soltero, de en torno a 30 años, sin cargas familiares ni hipoteca, y que se está planteando comprar un coche, para lo que necesita un préstamo personal. El seguro de vida iría vinculado al mencionado crédito con el fin de garantizar el pago de la deuda en caso de fallecimiento o de invalidez. Por tanto, sólo se tendría en cuenta a la hora de calcular la suma asegurada, la liquidación de la deuda en caso de siniestro. Para una cantidad aproximada de 30.000 euros (calculada en función del préstamo personal) la prima anual podría rondar los 20 euros o ser incluso inferior.

2. Un matrimonio de 30 años con hijos e hipoteca

Para un matrimonio joven con hijos y con una hipoteca de 180.000 euros asumida por la compra de la primera vivienda, la opción recomendable sería que cada miembro de la pareja contratase una póliza de vida con las coberturas clásicas por la mitad del préstamo, es decir, 90.000 euros cada uno. Una vez decidido esto existen dos opciones. Una de ellas es comprar un seguro decreciente, en el que la suma asegurada desciende en la misma proporción que lo hace la deuda, y por lo tanto, está sólo vinculado al crédito. La segunda es contratar un seguro con capital constante. En este caso, si se produjera el siniestro, se liquidaría la deuda, y si hubiera capital restante, se podría utilizar para acondicionar la vivienda si produce una invalidez permanente y absoluta, o para paliar la falta de ingresos si lo que ocurre es el fallecimiento de uno de los cónyuges (o los dos). Se podría contratar esta última opción por una prima igual o inferior a los 60 euros cada uno.

3. Un matrimonio de 40 años con hijos e hipoteca

El tercer perfil analizado es el de una pareja de en torno a los 40 años y con hijos menores a su cargo, a la que le queda por hacer frente una hipoteca de 75.000 euros. En este caso, el 100% de los ingresos los aporta el sueldo de uno de los cónyuges, por lo que sería este último el que necesite contar con una póliza de vida. El seguro debe ser contratado por un capital suficiente para liquidar la deuda contraída con el banco, pero también para mantener el nivel de vida en caso de fallecimiento o de invalidez. Para calcular la suma asegurada, habría que tener en cuenta los costes del día a día de la familia, los desembolsos adicionales que pueda generar el acondicionamiento de la vivienda y el posible gasto de contratar a alguien que asista la persona inválida.

4. Hombre de 50 años, soltero y con préstamos vinculados al negocio

El seguro de vida para este perfil tiene como finalidad que, en caso de fallecimiento o invalidez permanente y absoluta, los herederos no tengan que enfrentarse a deudas pendientes. Para ello, el capital asegurado debe ser, como mínimo, el mismo que el de la deuda total que posee, aunque los expertos recomiendan que también sea mayor para cubrir las posibles necesidades de liquidez derivadas de un caso de invalidez permanente y absoluta (asistencia domiciliaria y adaptación de la vivienda).

​5. Mujer de 35 años, soltera y con hijos

En este caso, el seguro de vida serviría para garantizar el amparo económico a los hijos en caso del fallecimiento de la madre, teniendo en cuenta que la pensión de orfandad es de sólo el 20% de la base reguladora. Si lo que ocurre es una situación de invalidez permanente y absoluta, gracias a la indemnización aparejada a este producto se garantizaría, además del mantenimiento del nivel de vida, el dinero necesario para acondicionar la casa y contratar personal de ayuda domiciliaria, gastos difíciles de afrontar únicamente con la pensión de invalidez.

6. Un matrimonio de 60 años con hijos independientes

Para un matrimonio de unos 60 años, con hijos independientes, la póliza de vida serviría para mantener el poder adquisitivo y el nivel de vida alcanzado si se produce el fallecimiento de uno de los cónyuges. Pero también, podría tener otros usos. Podría darse la circunstancia de que, aunque los hijos del matrimonio estén independizados, dependan económicamente del matrimonio para, por ejemplo, pagar la hipoteca debido a una situación de desempleo. En este caso, aunque se produjera el siniestro (fallecimiento de uno de los progenitores o situación de invalidez que impida trabajar con la consiguiente reducción de ingresos), los padres podrían seguir asumiendo los gastos del hijo en dificultades, algo complicado de hacer tan solo con la pensión de invalidez.

Una última consideración: el contacto constante con la aseguradora

La vida de las personas no es lineal y en cualquier momento se puede producir un cambio de circunstancias; las necesidades no son las mismas a los 30 que a los 50, ni si se tienen hijos o no. Puesto que el seguro de vida-riesgo cubre un amplio periodo de tiempo y sus características están muy vinculadas a la situación en el momento de contratarlo, es conveniente estar en contacto permanente con la aseguradora para comunicar y negociar cualquier cambio en las circunstancias personales que, a su vez, requiera una modificación de las condiciones del seguro, como un aumento o una disminución de la suma asegurada.

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