Diez mitos sobre los seguros de vida

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Te contamos cuáles son las 10 creencias que giran en torno a los seguros de vida y por qué, a pesar de que se han perpetuado entre los consumidores, no son del todo verdad.

Expresiones como “soy demasiado joven para suscribir un seguro de vida” o “no tengo cargas familiares y, por lo tanto, no necesito una póliza” resultan muy comunes entre aquellos que descartan la contratación de un producto de estas características. Sin embargo, muchas de estas afirmaciones no son ciertas y considerarlas puede poner en peligro la seguridad de nuestra familia y seres queridos.

Por eso, en Kelisto hemos resumido las creencias más repetidas sobre los seguros de vida y hemos hablado con expertos del sector asegurador para conocer en qué medidas las consideran, o no, erróneas. Te aconsejamos que revises la lista y compruebes si alguna vez has utilizado uno de estos argumentos para rechazar o adquirir este tipo de pólizas.

1. Los seguros de vida no son necesarios cuando eres joven

Falso: Este es, posiblemente, uno de los mitos más comunes entre aquellos que rehúsan contratar una póliza de vida. Se tiende a pensar que se trata de un producto vinculado a la edad y se posterga su adquisición con el fin de hacer frente a otros gastos que, presuntamente, se consideran más relevantes.

Sin embargo, “el momento idóneo para contratar un seguro de vida es esa etapa en la que comenzamos a asumir grandes responsabilidades como, por ejemplo, el pago de una hipoteca, la formación de una familia o la educación de los hijos”, precisa Jaime Kirkpatrick, CEO de Aegon España. De hecho, a medida que se cumplen años, se incrementa el importe de la prima.

2. Si no tengo cargas familiares (hijos, marido, esposa…) puedo prescindir de un seguro de vida.

Falso. Precisamente, por la creencia anterior, aquellos que por diversas razones no llegan a formar una familia piensan que no es necesario cubrir posibles riesgos a través de un seguro de vida. No obstante, este tipo de pólizas, además del capital por fallecimiento, también pueden incluir una cobertura por incapacidad. “Para un profesional, aunque no tenga personas a su cargo, es importante planificar y estar cubierto en caso de que una incapacidad le impida seguir trabajando y necesite recursos para afrontar sus nuevas circunstancias de vida”, explica Javier Rodríguez, director de Desarrollo de Productos de Vida de Grupo Zurich en España.

Y, al margen de estar solteros, ¿acaso no tenemos hermanos o padres? Un seguro de vida constituye una herramienta para dar soporte a nuestros seres queridos cuando nosotros dejamos de estar.

3. Las amas de casa o las personas que no trabajan también deberían contar con un seguro de vida.

Verdadero. Resulta frecuente que sólo el miembro que trabaja de la pareja sea el que contrate un seguro de vida. Sin embargo, aunque no generen ingresos, la dedicación de las amas de casa –quienes corren los mismos riesgos que cualquier otro trabajador–  tiene un valor que podría medirse monetariamente: las horas dedicadas a la limpieza del hogar, a la cocina, al cuidado de los hijos… “Si sufren un accidente que les provoque una incapacidad o fallecen, un seguro de vida podrá cubrir el impacto económico que esto supone para la familia”, señala el director de Desarrollo de Productos de Vida de Grupo Zurich en España.

La indemnización recibida ayuda, en este sentido, a asumir la pérdida de la contribución que realizaba este miembro de la familia en el hogar con su trabajo en tareas domésticas.

4. Los seguros de vida tienen un precio muy elevado. Por eso, es mejor invertir el dinero en otros asuntos más prioritarios

Falso. El seguro de vida, al igual que otras pólizas, incrementa su precio con la edad por los mayores riesgos a cubrir­. Ahora bien “existe mucha competencia en el mercado y se puede obtener una buena cobertura a un precio razonable. Además, dentro de la economía familiar, determinados gastos superfluos podrían reducirse para financiar una póliza de estas características”, comentan fuentes oficiales de UNESPA, la patronal del sector. Si estás pensando contratar un seguro de vida, te recomendamos que utilices nuestro comparador online: puedes ahorrar hasta un 40% en la prima de tu póliza.

5. El seguro de vida que se contrata con la hipoteca resulta insuficiente para proteger a mi familia

Verdadero. En la mayoría de los casos, las entidades financieras vinculan la contratación de un seguro de vida a la concesión de una hipoteca, de forma que se cubra el 100% del préstamo si el tomador fallece.

Pero, llegado el caso, ¿qué sucede con el resto de los gastos de un hogar? Según recuerda Jaime Kirkpatrick, CEO de Aegon España, tendremos que seguir haciendo frente a las partidas de luz, agua, gas o el colegio de nuestros hijos con tan sólo una fuente de ingresos. “Lo ideal es tener un seguro de vida por un importe similar a cinco años del salario de cada cónyuge”, añade.

6. Con el seguro de vida que me ha ofrecido mi empresa, no necesito una póliza adicional.

Falso. La pregunta que deberías plantearte es: ¿qué capital tiene contratado tu empresa en beneficio de sus trabajadores? ¿Es suficiente para que tus familiares dispusieran de los recursos económicos necesarios en caso de fallecimiento o incapacidad? ¿Dicha cantidad te permitiría, además, cancelar tus deudas actuales –préstamos, hipotecas…– si surgiera algún imprevisto?

Fuentes de UNESPA precisan que, por lo general, el capital de estos seguros no suele exceder de una anualidad del salario. “Por tanto, contar con un seguro individual que complemente la póliza de la empresa es una decisión aconsejable en la mayoría de los casos”, subrayan.

7. Ninguna aseguradora me ofrecerá una póliza de vida si sufro una enfermedad crónica

Falso. No todas las patologías crónicas se encuentran excluidas de los seguros de vida. Cada compañía estudia el caso de manera individualizada y, en base a los resultados, puede suceder que se tramite la póliza con normalidad o, dado el caso de la enfermedad, que se aplique una sobreprima, una exclusión o una limitación de garantías.

Cualquier documentación adicional que se aporte (resultados, informes médicos…) servirá para ajustar el precio de la prima a la situación personal del asegurado.  “Por tanto, es totalmente posible que una persona con  una enfermedad crónica pueda contratar un seguro de vida”, concluye Jaime Kirkpatrick.

8. Los seguros de vida constituyen un producto complejo y difícil de entender.

Falso. Un reciente estudio de Aegon ponía de manifiesto que un 78% de los españoles considera complejos los seguros de vida. Para los profesionales de UNESPA, sin embargo, se trata de un producto “claro y meridiano”: el asegurado suscribe una póliza y fija quiénes serán los beneficiarios en caso de que fallezca.

Cuando esto ocurre, la compañía paga la indemnización estipulada por contrato a los beneficiarios, normalmente la familia. Para saber si, efectivamente, el fallecido contaba con un seguro de vida, es necesario presentar una instancia ante el Registro de contratos con cobertura de fallecimiento del Ministerio de Justicia, junto a un certificado de defunción del fallecido.

9. Contratar un seguro de vida puede llegar a ser una tarea complicada

Falso Actualmente, las compañías ofrecen diversos canales de contratación para suscribir una póliza de estas características: agentes, corredores, oficinas propias, sucursales bancarias, comparadores online, teléfono… Y, en todos ellos, las aseguradoras ponen a disposición del posible cliente la información necesaria para encontrar el producto que más se ajuste a sus necesidades.

10. Un seguro de vida ofrece, además de una indemnización por fallecimiento, otros servicios complementarios

Verdadero. Aunque es lo más común, la indemnización por fallecimiento no es la única prestación que se puede recibir con este tipo de pólizas. “Si contratas garantías adicionales, como la cobertura frente a una incapacidad o a una enfermedad grave, contarás con el soporte económico necesario para afrontar la situación derivada de cualquiera de estas adversidades”, precisa Javier Rodríguez. Además, existen otro tipo de servicios a los que se puede tener acceso: segunda opinión médica, test de hábitos saludables, adelanto de fondos para afrontar los gastos de sepelio, asesoría legal, asesoramiento nutricional…

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