Las seis cosas que tienes que tener en cuenta para pedir financiación

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Intereses, comisiones, cláusulas, plazos… Hay muchas cuestiones que debes considerar cuando pides financiación. En Kelisto te contamos cuáles son las más importantes.

Comprar una casa, irte de viaje, pagar tu boda, hacer el máster de tus sueños, poner en marcha tu propia empresa… Lo más probable es que en algún momento de tu vida éstos u otros motivos te lleven a pedir financiación.  De hecho, los españoles deben a los bancos un total de más de 165.000 millones de euros en préstamos al consumo, lo que se traduce en una deuda media por hogar de unos 9.000 euros, tal y como te contamos en Kelisto. Si a esa cantidad se añaden las hipotecas, el total adeudado asciende a 765.000 millones.  

En función del destino que quieras dar al dinero y de la cantidad solicitada, el banco te ofrecerá un tipo de producto distinto con unas características propias. En Kelisto te contamos qué productos te puedes encontrar y qué debes tener en cuenta si decides contratarlos.

1. ¿Qué productos de financiación existen?

Préstamos personales y al consumo: se trata de un producto bancario que ofrece financiación a un interés más alto que las hipotecas –según el Banco de España la TAE media de estos productos fue del 9,38% en julio– y con un plazo de amortización menor, al no contar con la vivienda como garantía. El banco te entrega la cantidad solicitada al comienzo de la operación y se establece un plazo para su devolución junto con los intereses generados (lo más habitual es que se haga mediante el pago de cuotas mensuales fijas). Dentro de los préstamos personales los hay de muchos tipos: rápidos, micropréstamos, entre personas, etc.

Préstamos hipotecarios: son las hipotecas, préstamos en los que la vivienda sirve como garantía del importe adeudado. Pueden ser de tipo fijo, variable o mixto. En los dos últimos casos, lo más común en España es que estén referenciados al euríbor. En la actualidad no suelen financiar más del 80% de la vivienda con un plazo en torno a los 35 años. En cuanto al interés, en lo que va de año son muchas las entidades que han rebajado sus diferenciales, por lo que existen multitud de opciones con un diferencial inferior al 2%.

Créditos: mientras que en un préstamo la cantidad solicitada se entrega de una sola vez al principio de la operación, en un crédito la entidad bancaria pondrá a tu disposición una cantidad pactada para que recurras a ella en la medida en que lo vayas necesitando durante el plazo acordado. Además, podrás devolver el dinero del que hayas hecho uso antes del vencimiento de la operación, quedando esta cantidad de nuevo disponible mientras no se cumpla el plazo estipulado.

Tarjetas: las tarjetas de crédito denominadas revolving también son una alternativa para obtener financiación. Con ellas podrás pagar tus compras a plazos pero, eso sí, con un interés generalmente mucho más elevado que el de los préstamos personales, tal y como te contamos en Kelisto.

2. ¿En qué características debes fijarte?

Para elegir el producto que mejor se adapta a tu situación  siempre debes tener en cuenta cuestiones personales, como tu estabilidad laboral o tu nivel de endeudamiento. No obstante, hay ciertos elementos que siempre hay que analizar, sea cual sea tu perfil.

Interés: debes saber que el TIN es el tipo de interés que el banco te aplica por prestarte el dinero, mientras que la TAE se compone del TIN más las comisiones y tiene en cuenta el plazo de amortización. Puede ocurrir que un préstamo con un TIN bajo sea más caro que otro con un TIN superior debido a la aplicación de una serie de comisiones que lo encarezcan. Por ello, para estar seguro de lo que pagarás, debes fijarte en la TAE.

Importe máximo: es la cantidad de dinero máxima que te ofrece el banco. Debes buscar aquel préstamo que te ofrezca el importe que necesitas, ya que la oferta es muy variada. Por ejemplo, en el mercado de préstamos personales hay opciones que van de los 6.000 euros a los 100.000 euros,  tal y como verás en nuestro ranking mensual.

Vinculación: lo habitual es que el precio del préstamo, es decir, el interés que deberás abonar, se reduzca de manera progresiva si domicilias tu nómina o contratas productos como seguros o planes de pensiones. Eso sí, no debes olvidar que esto también puede tener un coste y que, por tanto, restará atractivo al producto, como ya señalamos en Kelisto.

Requisitos: los intereses más bajos suelen ser para los clientes más solventes, por lo que, cuanto mayor sea tu capacidad económica, más ventajosas serán las condiciones que te ofrecerá el banco. Esto es especialmente evidente en el caso de las hipotecas, en las que, para acceder a los diferenciales más bajos, la banca exige de media unos ingresos mínimos de 2.300 euros al mes, según un análisis realizado por Kelisto.

Cuota mensual: no olvides calcular cuánto pagarás cada mes en función de las condiciones pactadas. Lo más frecuente es que pagues una cuota fija mensual que se compone de dos partes, una correspondiente al capital que vas amortizando y la otra, a los intereses.

Comisiones: un interés bajo puede ir acompañado de elevadas comisiones. Para que no se te pasen por alto, ten en cuenta que entre las más frecuentes están las de estudio, apertura, cambio de condiciones, amortización anticipada y cancelación.

Plazo de amortización: se trata del periodo de tiempo que tendrás para devolver lo prestado al banco más los intereses. Nunca olvides que cuanto mayor sea este plazo, mayores también serán los intereses a abonar.

Periodo de carencia: algunas entidades ofrecen la posibilidad de aplazar los pagos al comienzo del préstamo. Durante este tiempo no tendrás que pagar nada (carencia total) o solo pagarás la parte de la cuota correspondiente a los intereses (carencia parcial). Esto muy frecuente en los préstamos para estudios universitarios. Sin embargo, es importante saber que este periodo de carencia no es gratuito, ya que los intereses se siguen generando sobre la totalidad del capital prestado, haciendo que aumente la cantidad total que tendrás que abonar al banco.

Cláusula suelo: en España, más del 80% de las hipotecas sobre viviendas cuentan con esta cláusula, que aún está presente en algunas de las ofertas de los bancos. Se trata de un tope mínimo para el interés que deberás pagar, al margen del nivel al que se reduzca el euríbor. Por tanto, es esencial evitarla; de lo contrario, no podrás beneficiarte de las bajadas de este índice.

3. ¿Cuáles son tus derechos?

A la hora de pedir financiación tienes que tener claro, en primer lugar, que la entidad debe informarte de forma transparente de todas las condiciones de la operación, así como facilitarte una copia del contrato y los justificantes de los pagos y de los documentos de liquidación durante la vida del préstamo.

Además, tienes derecho a amortizar el préstamo de forma anticipada si en cierto momento te encuentras en situación de hacerlo, aunque el banco podrá cobrarte por ello una compensación de desistimiento fijada por ley en un máximo del 0,5% durante los cinco primeros años y un 0,25% en los siguientes.

En el caso de las hipotecas, el banco ha de entregarte la Ficha de Información Precontractual (FIPRE), así como la Ficha de Información Personalizada (FIPER), en las que deben figurar las condiciones financieras del préstamo y los gastos de la operación que corren a tu cargo. Una vez realizada la tasación del inmueble, la entidad debe darte una copia del informe de la misma y, si decides solicitar la hipoteca, una oferta vinculante con las condiciones de ésta.

En cuanto a los productos vinculados que pueden exigirte, no olvides que la ley solo obliga a contratar un seguro de hogar vinculado a la hipoteca –que cubra contra incendios y otros elementos naturales y en el que la suma asegurada coincida con el valor de tasación de la vivienda–, pero no exige que se haga con la entidad que concede el préstamo.

4. Si te decides a solicitarlo, ¿qué requisitos debes cumplir?

Al margen de la vinculación y de requisitos de edad e ingresos mínimos, para concederte financiación las entidades estudiarán tu capacidad de pago. Para ello te solicitarán que acredites unos ingresos fijos y estables suficientes como para hacer frente a la cuantía del préstamo. Por ejemplo, en el caso de las hipotecas, no te concederán un préstamo con una cuota hipotecaria que suponga un porcentaje superior al 35% de tus ingresos mensuales. Además, ten presente que el banco podría solicitarte un avalista.

Para elaborar este estudio de viabilidad, la entidad puede pedirte una serie de documentos que deberás aportar: el DNI -o documento que acredite tu identidad como el NIE o el pasaporte-, la última declaración de la Renta, tus dos últimas nóminas o la declaración del IVA si eres autónomo, un informe de tasación de la vivienda y la comprobación registral.

5. ¿Cómo se solicita?

En función de la entidad y del producto, podrás solicitar la financiación vía telefónica, presencialmente o por Internet, pero en cualquiera de los casos habrás de presentar toda la documentación que te solicite el banco o la entidad que te preste el dinero.

6. ¿Qué pasa si no puedes pagar?

Todos los préstamos tienen unos intereses de demora, que son los que tendrás que pagar si te retrasas en los pagos. Éstos son muy superiores a los que te cobra el banco por dejarte el dinero y deben venir detallados en el contrato de la operación. A estos intereses algunas entidades añaden la comisión por reclamación de cuotas impagadas.

Además, si la situación de impago se prolonga, la entidad tendrá derecho a recurrir al avalista, en el caso de que lo haya, o a solicitar ante un juez el embargo de tus bienes como compensación.

Otros consejos

  1. Revisa tus necesidades y tu situación económica, infórmate sobre las diferentes opciones, compáralas y elige la que mejor se adapte a tus circunstancias.
  2. Asegúrate de que entiendes bien todas las condiciones de la financiación antes de contratarla y, si tienes dudas, consulta a un experto.
  3. Evita el sobreendeudamiento: para ello lo recomendable es que las cuotas que pagues al banco mensualmente por hipotecas, préstamos y tarjetas no superen el 35-40% de tus ingresos.
  4. A la hora de contratar un préstamo, fíjate en las comisiones de demora a las que tendrías que hacer frente si, por alguna razón, no pudieras pagar las cuotas durante un tiempo.
  5. Evita las ofertas que incluyan cláusulas adicionales que modifiquen las condiciones del préstamo, como la cláusula suelo de las hipotecas.

Fuentes: Portal del Cliente Bancario, Finanzasparatodos.com, Banco de España (Boletín Económico de septiembre),INE, Ley 2/1981, de 25 de marzo, de Regulación del Mercado, Real Decreto 685/1982, de 17 de marzo.

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