Teresa Viejo: “Si fuera ministra de Economía, lo primero que haría sería bajar los impuestos”

Teresa Viejo

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Después de haber hecho casi de todo como periodista –la hemos visto y oído en radio y televisión, y ha sido la primera mujer española en dirigir una revista de actualidad, Interviú, entre otras muchas cosas-, Teresa Viejo ha encontrado un nuevo “entretenimiento”: la literatura. Se estrenó como escritora en 2001 y después de publicar tres ensayos, se lanzó a la novela, primero con “La memoria del agua” y a finales de 2013 con “Que el tiempo nos encuentre”.

Más allá de esta nueva pasión, que asegura tomarse con la misma disciplina y la misma exigencia que cualquier trabajo, Viejo también ha vuelto a la radio con “La observadora”. “Sufro lo que sufrimos todos los españoles y no estamos en una época en la que puedas ir con la nariz alta rechazando propuestas. Sin embargo, he de reconocer que hace pocas semanas tuve la suerte de poder permitirme decir que ‘no’ a un proyecto de televisión. Si una oferta es interesante, la aceptas; pero volver a la tele por volver, no”, afirma.

Pese a ser una mujer afortunada en el plano profesional, la periodista se considera muy ahorradora y alejada de los grandes caprichos. “Tengo un coche bueno, pero lo elegí por seguridad”, comenta. De hecho, ni siquiera cree que hubiera derrochado si, en su día, le hubiera tocado un premio como los que ella misma repartía en ‘El Primijuego’. “Gastar cuando se tiene y lamentarse cuando no se tiene es una concepción de la vida que no me gusta”, concluye.

Durante varios años repartiste muchos millones al frente del programa “El Primijuego”. ¿Qué hubieras hecho si te hubiera tocado uno de sus premios?

Hubiera sido muy hormiguita. Quizá lo tendría todavía en el banco o me hubiera comprado una casa. Sin embargo, como eso no sucedió, me tuve que hipotecar y aún la sigo pagando.

O sea, que eres más ahorradora que derrochadora…

Sí, pero no solo porque estemos en momentos de crisis. Antes también lo era. Aunque ganara más, también gastaba más sin darme cuenta. Ahora racionalizo mucho el gasto, pero eso no quiere decir que sea egoísta. Es más, una de las cosas que más me gusta es regalar a los demás.

¿Qué lugar ocupa el dinero en tu escala de valores? ¿Es algo que puede hacerte feliz?

El dinero solo tiene sentido para determinados fines; por ejemplo, para ayudar a personas que lo necesitan o para tener una vida menos inquieta en caso de que tengas un revés económico. Por lo demás, el dinero es algo muy relativo y estos momentos de crisis me han hecho reflexionar sobre ello. Diría que me incomoda, porque saber que tienes una hipoteca o una deuda puede convertirse en una especie de dictadura. Además, yo suelo ser parca en mis gastos y mis gustos no son grandes gustos. Me gustan algunas cosas que son buenas. Por ejemplo, tengo un buen coche porque tuve un accidente hace bastantes años y entendí que un buen coche te puede salvar la vida. Pero no por lucir un coche enorme. Aunque a lo largo de mi vida hubiera ahorrado para comprarme un barco, creo que no lo hubiera hecho, no porque no me guste el mar, sino porque me parece un lujo. El dinero me gusta para prorratearlo para que mi vida sea más o menos igual siempre.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido sobre el dinero?
Que las deudas solo tienen que ser asumidas cuando se pueden sobrellevar de manera natural. Endeudarse de una manera medianamente comprometida es un error. Las deudas te permiten vivir sobre una falacia, y eso es un error. Si te endeudas, por ejemplo, para crear un negocio puedo entenderlo. Si no, no es una buena filosofía de vida.

¿Recuerdas qué sueldo ganaste por tu primer trabajo como periodista? ¿Y en qué te lo gastaste?

Ganaba 23.000 pesetas por un trabajo de media jornada y lo metí en mi cartilla. Luego pasé a 28.000, o sea que si lo piensas, por un jornada completa habrían sido unos 300 euros. Vamos, casi lo que gana la gente que está empezando a día de hoy.

¿Cuál es el capricho más caro que te has “regalado”?

Uno de los primeros caprichos que me permití fue un mueble art decó del año 1920 aproximadamente. Lo compré en una tienda de antigüedades y lo pagué en cuatro plazos. Aparte de eso, probablemente el capricho más caro que me he dado haya sido un cuadro de Juan García Ripollés que tengo colgado en el salón de casa.

¿Cuál es tu posesión más valiosa?

Los míos, sus afectos, sus lealtades… Y no solo hablo de mi familia, también de mis amigos.  Tengo un grupo de amigos que son como hermanos y, para mí, son auténticas joyas.

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¿Eres más de efectivo o de tarjeta de crédito?

La crisis también ha cambiado ese tipo de cosas. Por ejemplo, antes yo hacía una gran compra al mes y la pagaba con tarjeta. Y cuando las cosas cambiaron, me di cuenta de que estaba sobredimensionando lo que compraba. Ahora compro en efectivo y solo lo que voy a consumir.  

Si fueras ministra de Economía por un día, ¿cuál sería la primera decisión que tomarías?

¡Sería imposible que lo fuera! (Ríe) La única asignatura que suspendí para septiembre en la carrera fue Introducción a la Economía, o sea que solo podría asumir el cargo si me dejaran tener a los mejores asesores del mundo. Ahora, lo que sí puedo decirte es que, de la misma manera que creo que no hay que derrochar en la economía doméstica, en la macroeconomía considero que una inversión no es un gasto. Nos hemos obsesionado con reducir el déficit y lo que estamos haciendo es inhibir el consumo. Lo primero que hay que hacer es incentivar el consumo y, para ello, yo haría una cosa: bajar los impuestos.

Si tuvieras que viajar a una isla desierta, ¿qué tres cosas te llevarías?

Un baúl lleno de libros pendientes de leer, un ordenador con recarga solar y un poco de cariño.

Tu último viaje literario te ha llevado hasta México, donde se desarrolla “Que el tiempo nos encuentre”. ¿Qué te atrajo de ese escenario?

La verdad es que fue él quien me eligió a mí. Descubrí a una personalidad muy atrayente, la del director de cine afincado en México Miguel Morayta, y a partir de él empezaron a aparecer otros nombres de españoles que se marcharon allí durante la llamada “Edad de oro del cine mexicano”. Esas existencias reales creaban unos mimbres muy sólidos para acercarme a ese momento histórico que es muy desconocido.

Hace unos meses también volviste a la radio con el programa “La observadora”, pero hace mucho que no te vemos en la pequeña pantalla. ¿Qué nota le darías a  la televisión que se hace hoy en España?

Sería una nota bastante irregular. Vaya por delante que no soy una gran observadora de la televisión, pero le daría una nota bastante alta a las series y a los canales temáticos, y una bastante pobre –rayando el suspenso en algunos momentos- al entretenimiento. Parece que se hacen grandes programas pequeños y pequeños programas grandes.

¿Y cómo ves el panorama periodístico en nuestro país?

Nuestro trabajo tiene un doble azote: por un lado, la crisis económica y, por otro, la crisis de la profesión, que se corresponde con el propio sistema, con las empresas periodísticas y su financiación, con la falta de independencia… Y, en este contexto, no se puede dar una nota al producto final. Todos tenemos compañeros excepcionales que se han dejado la piel y que han sido prejubilados. O gente muy joven a la que le gustaría contar con la tutela de otros periodistas, y parece que el negocio trata de exprimirlos. En mi caso, soy lo que soy gracias a los grandes seniors de los que aprendí, pero a los nuevos profesionales les estamos privando de eso. Sería un injusto dar una nota porque ¿de qué dependería? ¿Del trabajo que hacen mis compañeros? Ellos hacen lo que pueden. No me creo que un periodista no quiera hacer calle, porque es ahí donde está la noticia. Pero si no tienen medios técnicos, no les dan dinero para coger ni un taxi o no tienen tiempo, pues al final hacen refritos.

¿Cuál ha sido el día más importante de tu carrera?

No tengo la sensación de que haya habido días importantes, pero tal vez uno de los de mayor responsabilidad fue el 11 de marzo de 2004. Aquel número tuvo una gran carga de responsabilidad. Durante esos días, tenía la sensación de que la revista no sería una más, sino que sería de la media docena de ejemplares que pasarían a la historia. Fueron días de poco sueño y mucha entrega.

¿Cuál ha sido el mayor logro de tu vida?

En el plano profesional, probablemente mi capacidad para reinventarme. De alguna manera, eso me ha ayudado a no anclarme en las experiencias negativas en lo personal. De hecho, una de las cosas más beneficiosas que tengo es que soy desmemoriada para el agravio. Siempre he tratado de olvidar lo negativo y de decirme “adelante”.

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