Leopoldo Abadía: “No hay que hacer caso ni a economistas ni a políticos”

Leopoldo Abadía

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Es ingeniero industrial de profesión, pero todo el mundo le conoce por su labor de divulgación en materia económica. De hecho, la fama le llegó con su artículo “La crisis ninja” un texto -y, posteriormente, un libro- en el que Leopoldo Abadía analizaba la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos con un lenguaje para todos los públicos.

Recién cumplidos los 80, Leopoldo Abadía ha vuelto a la carga con su séptimo libro, “La economía en 365 preguntas”, una obra en la que vuelve a hacer fácil lo difícil. “Lo que siempre intento es entender yo mismo lo que escribo, porque me he dado cuenta de que, si lo entiendo yo, lo entiende todo el mundo”, asegura.

Risueño y con un gran sentido del humor, este escritor, bloguero, profesor, conferenciante y colaborador habitual de muchos medios de comunicación no se corta al hablar de los culpables de la crisis, de la necesidad de reformar la Constitución e, incluso, de sus propios puntos débiles. “Gracias a Dios, desde hace mucho tiempo, la que administra el dinero que entra en casa es mi mujer”, confiesa entre carcajadas.

¿Hay motivos para la esperanza, económicamente hablando?

Siempre hay motivos para la esperanza económica pero, a corto plazo, creo que no, o que hay pocos. Estamos en muy buen camino, pero eso no quiere decir que la senda no vaya a ser dura. Y hay una cosa que será muy importante en ese recorrido: el déficit, que es lo que nos pasa a cualquiera cuando en casa gastamos más de lo que ingresamos. En 2011 terminamos con un déficit de 91.000 millones, es decir, gastamos 91.000 millones más de lo que ingresamos. Y eso no lo aguanta nadie. De ahí han venido las subidas de impuestos y los recortes. Además, hay otra cuestión: estamos muy endeudados. Tenemos 943.000 millones de deuda y esto es una animalada. En estos momentos estamos pagando unos intereses muy altos por esa deuda y claro, cuanto más nos endeudemos, más intereses; y cuantos más intereses, más déficit, más impuestos y más recortes.

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¿Se cree eso de que ya se ve la luz al final del túnel?

Estas expresiones, como la de los “brotes verdes”, son una tontada. Yo creo que sí se ve el final del túnel, pero eso no quiere decir que la salida esté aquí a lado. Hasta ahora se está aplicando una política de austeridad, que no es más que pensar con la cabeza, pero el peligro de todo esto es que seamos demasiado austeros. La austeridad tiene que estar combinada con el crecimiento y ese crecimiento tiene que estar impulsado por las empresas. En estos momentos, hay una cifra que no podemos olvidar: 5.904.700, que es el número de parados que hay en España. Hay que luchar por bajarla, y en esto tienen mucho que ver las empresas y, sobre todo, el crédito que llega a las pymes. Si cada una de las tres millones y pico de pymes que hay en el país creara un puesto de trabajo, el problema estaba arreglado. Todo esto tiene que ver mucho con los bancos… y los bancos han hecho mucho el tonto. Hay que conseguir que las entidades vuelvan a hacer de bancos. Es decir, que tú ingreses ahí tu nómina y yo pida un crédito y me lo den. Y que la diferencia entre lo que te paguen a ti por dejar ahí tu sueldo y lo que me cobren a mi sea su beneficio.

¿Se atreve a poner fecha al final de la crisis?

Siempre digo que cuando Dios quiera. Y ahora no quiere. Cuando algunos dicen “a final del año…”, no te lo creas. No hay que hacer caso a ningún economista, ni financiero, ni político. Ellos no saben cuándo va a acabar la crisis. Lo que tendrían que decir es “estamos trabajando en esto, esto y esto”. Y entonces la gente les creería. 

¿Son suficientemente claros los políticos cuando hablan de economía?

En absoluto. Cero. A veces pienso que algunas de las cosas que dicen ni las entienden. Y otras veces hablan en términos muy técnicos. Por ejemplo, hace unas semanas, el ministro de Economía, Luis de Guindos, decía “hemos salido de la recesión técnica, pero no hemos salido de la crisis”. Y a ti y a mí, eso nos importa tres pitos. Tú no te vas a casa pensando “qué contenta estoy porque ya no estamos en recesión técnica, solo en crisis”. Admito que se digan estas cosas cuando se reúnen con ministros de Economía, pero no que lo digan a los ciudadanos.

Cuando se habla de economía ¿es tan fácil maquillar los números como se suele pensar?

Sí, y se pueden maquillar sin mentir, porque yo puedo medir una cosa con un criterio y tú con otro. ¿Y quién tiene razón? Pues si ambos explicamos el criterio, los dos. Por ejemplo, con las cuentas de las comunidades autónomas siempre hay polémica porque unos dicen que les roban dinero, otros que son robados… Lo cierto es que hay varias fórmulas para calcular esas cuentas y habría que ponerse de acuerdo para determinar qué método se utiliza. Cuando eso pase, nadie podrá decir que los números estaban maquillados.

Si pudiera colarse un segundo en el despacho de Luis de Guindos ¿qué sería lo primero que le diría?

¡Que rezara! (Ríe). Esta gente sabe lo que se trae entre manos y solo tendría que explicar a los ciudadanos lo que sucede. Simplemente es un problema de contar las cosas. A niveles más altos, por ejemplo, al presidente del Gobierno, le diría que hay que volver a examinar el modelo autonómico. A mí me gusta este esquema porque pienso que, si tengo un problema, me lo resolverá mejor mi alcalde que un ministro. Pero resulta que, si para resolver mi asunto, el alcalde tiene que tener 100 asesores, 50 coches de lujo y 50 chóferes, pues resulta que me sale más barato que me lo resuelvan en Madrid. En estos momentos, España es un país pequeño que tiene 17 nacioncitas. Y es difícil de gobernar, porque cada una dice y hace lo que le da la gana. Hace 35 años firmamos la Constitución y pegarle un repasillo no estaría nada mal. No hay que cargarse el modelo autonómico, pero sí revisarlo. Desde la Unión Europea, la Merkel no sabe que existe La Rioja o Extremadura. Sabe que existe España. Y Mariano Rajoy no puede llegar y decirle “oye Ángela, que la Rioja no quiere hacer tal cosa”.

¿Es cierto eso de que los ciudadanos tuvimos la culpa de la crisis por vivir por encima de nuestras posibilidades?

No. Sí que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero eso de que todos tuvimos la culpa… algunos la tuvieron más que otros. Los bancos, por ejemplo, empezaron a hacer esas locuras de tasar una casa por 80.000 euros y conceder un crédito por 120.000 euros. Al señor que tenía un trabajo, aunque fuera precario, le daban esas facilidades y él, honradamente, creía que podría pagar. Pero luego se ha hundido todo y no ha podido hacerlo. ¿Quién tiene la culpa? La tiene quien dio el préstamo, que tenía que haber previsto la que se venía encima. Yo viajo mucho y siempre digo “no hay pueblo en España que no tenga un auditorio hecho por Moneo, por Calatrava o por Frank Gehry, o por los tres a la vez” (ríe). Y claro, ahora hay que pagar todo eso, con los intereses que ha generado. La culpa de lo que está pasando la tienen los bancos y los políticos, y por último, el pobre que pensaba que podría devolver su hipoteca. Pero su responsabilidad no sobrepasa el 0,7% del total.

¿Cuál es su secreto para que todo el mundo le entienda cuando habla de economía?

Mi secreto es que no soy economista, que soy ingeniero y que no sé de economía. Y, como no sé, intento entenderlo y lo escribo; y si lo entiendo yo, lo entiende todo el mundo. Trato de discurrir como discurre un ama de casa. De hecho, el otro día me comentó una señora “yo soy una ignorante pero a usted le entiendo”. Y yo le dije “oiga, si en su casa entran 100 euros y salen 200 euros, ¿qué tal van las cosas?” y me dijo “mal”. Pues ya está.

Después de toda una vida dedicándose a esto ¿cuál es la lección más importante que ha aprendido sobre el dinero?

Que el dinero me ha servido para tener una familia de la que puedo presumir, para mandar a mis 12 hijos a universidades buenas e, incluso, para pagar todos los años que repetían curso (ríe). Ha sido un instrumento para educar bien a mi familia.

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¿Diría, por tanto, que el dinero le ha hecho feliz?

El dinero no puede hacerte feliz, pero te quita los nervios. Yo he podido dar de comer a mis hijos, he podido pagarles los estudios y he logrado que todos se ganen bien la vida. El dinero es necesario para hacer todo esto, pero la felicidad está en otras cosas.

¿Cuál es su posesión más valiosa?

Aunque suene repetitivo, la familia. El otro día cumplí 80 años. Me llevaron engañado a Caldes de Malavella (Girona) con la excusa de que tenía una conferencia y allí me encontré a los 70 miembros de mi familia esperándome. Y eso vale mucho. Estar allí con todos no se paga con nada.

¿Es más de efectivo o de tarjeta de crédito?

De efectivo, pero lo manejo mediante mi tarjeta de débito. Gracias a Dios, desde hace mucho tiempo la administración del dinero que hay en casa la lleva mi mujer. O sea, que soy de efectivo regulado. Pero me suelo manejar con la tarjeta de débito porque es una forma de gastar lo que realmente tienes. En cambio, con la de crédito, gastas lo que dices que tendrás. Yo aconsejo a la gente que huya de este tipo de tarjetas porque, al final, tienes que pagar intereses y te vuelves loco.

¿Se considera ahorrador o derrochador?

Derrochador no. Y ahorrador tampoco. Yo diría que he sido gastador en el sentido de que he gastado lo necesario para sacar adelante a los míos. Y me ha salido bien. Tengo cuatro ahorros y una casa que nos hicimos hace 40 años y por la que ni siquiera tuve que hipotecarme porque la pagué gracias a la herencia de mi madre, que falleció.

¿Cuál ha sido el día más importante de su carrera?

El día que comencé a trabajar en IESE, hace 51 años. Al día siguiente de comenzar me dijeron que sería adjunto al director, que era un señor llamado Antonio Valero. Los años que pasé con él fueron decisivos en mi vida por todo lo que me enseñó. Es más, a día de hoy digo ciertas cosas y luego pienso “eso es de Antonio Valero, ¡le estas copiando!”. Fue una persona que, tanto a nivel humano como profesional, me marcó. Él fue quien me enseñó a discurrir. Cuando le preguntaba que en qué libro podía mirar cierta información él siempre me decía “coge un papel en blanco y discurre”.

¿Y el mayor logro de su vida?

Más que un logro, diría que una de las suertes de mi vida ha sido llegar a mi edad y tener la cabeza clara. Que a los 80 años me mueva por el mundo de la farándula dando conferencias, yendo la televisión, es una maravilla. Y logro, pues haber sacado a mi familia adelante, pero no con sensación de heroísmo.

¿Qué titular le gustaría ver mañana en la portada de todos los periódicos?

Me encantaría leer varias cosas. Primero, que los españoles nos queremos, que hay paz y que no estamos con peleas entre unos y otros. También, que dijeran que los que no son honrados se han ido muy lejos y que España había quedado limpia de tanta gentuza. Otro titular que me gustaría leer es que los bancos abren el grifo del crédito y que el Rey se ha curado definitivamente. ¡Ah! Y que el Príncipe empieza a tomar cada vez más responsabilidades, porque es un tío muy majo.

¿Qué te parece lo que nos ha contado Leopoldo Abadía? ¿Estás de acuerdo con su visión de la  crisis? ¿Tú también piensas que bancos y políticos son los principales culpables de la situación económica actual? 

 

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