Karina: “Cuando te falta dinero para los tuyos, puedes llegar a hacer auténticas burradas”

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Su sonrisa permanente y soy voz dulce y risueña esconden a una mujer con mucho mundo a sus espaldas, que sabe muy bien lo duro que puede llegar a ser digerir un éxito apabullante y lo complicado que resulta reponerse de las caídas. Karina enamoró a medio país con sus flechas del amor y llegó a lo más alto cuando llevó su “En un mundo nuevo” al escenario de Eurovisión 71, en Dublín. Sin embargo, en pleno estrellato le llegó su batacazo más duro: el rechazo de su discográfica, que se negó a continuar con ella, pese a las buenas cifras de ventas que había logrado con sus anteriores trabajos. 

Con todos estos recuerdos, la cantante jienense se vuelve a subir ahora a los escenarios en su gira de despedida, “No digo adiós, os digo hasta siempre”, que el pasado sábado comenzó en el teatro Zorrilla de Valladolid. Durante los próximos dos años, Karina recorrerá España y Latinoamérica para volver a disfrutar de uno de los grandes regalos que ha recibido de esta profesión: su público. “A veces no eres consciente de lo que significas para los demás, pero sé que he logrado alegrar la vida de mucha gente con mis canciones e, incluso, la mía”, asegura. 

¿Qué le gusta guardar a Karina en su baúl de los recuerdos?
Cosas entrañables, los recuerdos de mi infancia, las tradiciones de mi tierra, mi familia… Y la magia de traer al mundo dos criaturas. Las madres, a veces, sonamos repetitivas,  pero es verdad eso de que no te das cuenta del milagro de la vida hasta que no tienes hijos. 

Y si tuvieras que irte a una isla desierta, ¿qué te llevarías? 
Me llevaría mucha agua, una guitarra y ropa para cubrirme, ¡porque el sol me puede achicharrar! (Ríe).

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¿Cuál dirías que es tu posesión más valiosa? 
Diría que mis hijas, pero en realidad no me pertenecen. Tal vez, yo misma. No lo digo egoístamente, pero, desde que me he conocido, estoy encantada. Es muy importante estar contento con uno mismo. 

Y el dinero, ¿es algo importante en tu vida? ¿Crees que puede hacerte feliz? 
El dinero no da la felicidad, pero ayuda. Hay un refrán que dice que “cuando el dinero sale por la puerta, el amor sale por la ventana”, y es cierto. Cuando te falta el dinero, sobre todo para los tuyos, puedes llegar a hacer auténticas burradas. No soy partidaria de que la gente robe, pero si tienes que robar un salchichón para dar de comer a tu gente, tendrás que hacerlo. 

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido sobre el dinero?
Que hay que saber administrarlo, invertirlo… Por mucho que tengas un golpe de suerte o que te toque la lotería, las vacas flacas siempre llegan. Y hay que estar preparado para que, cuando eso pase, no se tambaleen mucho las cosas. 

¿Cuál es el capricho más caro que te has “regalado”?
Cuando volví de Eurovisión, se llevaban mucho las pieles y decidí comprarme un abrigo de colas de zorro. Era precioso, de color rubio, veteado, hasta media pantorrilla… Me costó 500.000 pesetas de la época, pero no he vuelto a comprarme nada parecido. 

¿Te consideras ahorradora o derrochadora? 
Desde que soy madre, soy ahorradora. Pero cuando era joven era un poco manirrota. Me encantaban los viajes y, en cuanto tenía unos meses de descanso, siempre estaba organizando escapadas. Además, me gustaba ir a hoteles buenos, que fueran cómodos…

¿Eres más de efectivo o de tarjeta? 
Soy de efectivo, pero suelo llevar la tarjeta por si acaso. De todas formas, tal y como están las cosas, casi prefiero llevar poco efectivo en la cartera, porque es un peligro. 

¿Alguna vez has tenido deudas o has preferido pagar todo a tocateja? 
Por comprarme algo por placer, no, nunca las he tenido. Pero sí he comprado algunas cosas a plazos: por ejemplo, una casa, un coche deportivo… 

¿Dirías que lograste hacerte rica gracias a la música? 
La música es la Cenicienta de las artes y no da para hacerse rico. Los grandes compositores, como Juan Carlos Calderón, o los artistas internacionales, sí puede que lo consigan. En el extranjero, el mundo del arte siempre ha estado más protegido. Pero en España, la música simplemente te da un bienestar, te permite cubrir tus necesidades, darte ciertos lujos e, incluso, te ofrece algunas ventajas: por ejemplo, que si vas a un restaurante en el que no hay hueco, intentan darte una mesa. Pero hacerse rico, no. Al menos, en mi caso. 

¿Es fácil asimilar el éxito cuando uno es tan joven?
Es difícil. Lo es en cualquier momento de la vida, porque el éxito da vértigo. Pero cuando yo triunfé con “Romeo y Julieta” tenía 19 años. Venía de una familia normal, ninguno había sido artista, nos vinimos de Jaén a Madrid por problemas económicos  y tratamos de buscarnos la vida. De repente, triunfé y asimilar el éxito… uno no lo asimila con esa edad. Lo ves todo desde una nube y no tienes los pies en el suelo. Por eso, la caída es fuerte y el golpe, doloroso. 

¿Cuándo recibiste ese primer ‘golpe’? 
Fue entre 1977 y 1978. Se me acabó el contrato con mi discográfica y pensaba que me iban a renovar, pero Hispavox cambió de director artístico y, en su opinión, no era conveniente contar con aquella Karina que  tantos éxitos había cosechado. Ni siquiera habiendo vendido más de un millón de ejemplares de temas como “Las flechas del amor”. No entendí su decisión, nunca lo comprendí. No sé si no caía bien, si hice algo que les sentó mal… 

Y en aquel momento, ¿qué te planteaste? 
Me sentí como si, de golpe, me hubieran tirado al vacío desde una ventana. Menos mal que tenía un colchón esperándome, que era mi familia. Gracias a ellos pude salir adelante. Pero el golpe es fuerte y te quedas en shock. 

¿En algún momento pensaste en dejarlo todo y llevar una vida normal?
Quizá hubo algún amago, alguna vez se me pasó por la cabeza… Pero el problema es que ya no eres anónima. Y yo nunca quise dar lástima. Me propuse seguir cantando con toda mi dignidad. Una vez un productor me dijo “piensa que no hay un escenario pequeño, ni un pueblo pequeño; nunca sabes quién te puede estar viendo en una actuación, haya 10 o 10.000 personas”. Todo lo que me sucedió me hizo coger fuerzas y pensar aquello de que no hay que mirar para atrás, ni siquiera para coger impulso. 

Si pudieras volver a empezar, ¿volverías a dedicarte al mundo de la música? 
No lo sé. Tal vez, si ahora tuviera 10 años y no saliera de Jaén, ni me lo plantearía. Hubiera sido un ama de casa normal. 

¿Cuál ha sido el recuerdo más inolvidable de tus 52 años de carrera?
Diría que mi visita a Dublín para representar a España en Eurovisión. Llegué allí tras ganar el programa “Pasaporte a Dublín”, en el que participaban estrellas de la talla de Rocío Jurado, Nino Bravo o Encarnita Polo y, que el público tenga la amabilidad de elegirte a ti, es inolvidable. 

Cuando tú fuiste a Eurovisión, el certamen tenía un gran reconocimiento, pero parece que los años han ido haciendo que pierda prestigio ¿A qué crees que se debe? 
Simplemente, a que todo cambia en esta vida. Ahora, Eurovisión es más espectáculo. Creo que es un certamen que durará muchos años, pero me da pena que se hayan perdido cosas. Por ejemplo, que ya no haya música en directo. A cambio, se ha ganado en espectáculo, colorido… Y luego hay cosas que  siguen igual, como las votaciones. Unos países se apoyan a otros y nosotros estamos un poquito solos. Siempre lo hemos estado. 

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¿Qué ha sido lo más entrañable y lo más cruel de tu profesión?
Lo más entrañable, las cosas que te pasan con gente que ni siquiera te conoce personalmente. Recuerdo que, por ejemplo, en Teruel, se acercó un fan a verme a mi camerino. Lo tenía justo debajo del escenario y en las ventanas había barrotes. Se acercó, me pidió que le firmara una foto y le di la mano. Años después, me volvió a escribir y me contó que había estado dos o tres años volviendo al mismo sitio a tocar esos barrotes. ¡Eso es algo que no lo ha hecho ni un novio por mí! Por otro lado, lo más cruel es la amargura, la soledad que sientes cuando termina un concierto y te marchas al hotel. Y también las envidias y las zancadillas. Es algo que ocurre en cualquier trabajo, pero en la música, esas cosas se juntan con la soledad y con el estar lejos de casa, y eso lo hace aún más complicado.

¿Cuál es tu canción favorita de tu discografía? 
Me encantan las baladas. Creo que me quedaría con “Yo te diré”. Fue el tema central de la película “Los últimos de Filipinas” y me recuerda a mi abuelo, que estuvo en aquella guerra. 

¿Cuál ha sido el día más importante de tu carrera? 
Hay muchos, pero me quedaría con dos: el día que pisé el escenario de Eurovisión en Dublín y el pasado 1 de marzo, cuando pisé el escenario del Teatro Zorrilla de Valladolid para empezar mi gira de despedida. 

¿Y el mayor logro de tu vida? 
Saber crecer y cumplir años. No me ha supuesto un trauma cumplir los 40, los 50 o los 60 porque creo que hay que vivir cada minuto que Dios nos regala. 

 

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