Jorge Blass: “Me gasté 4.000 euros en un traje para mis shows”

Jorge Blas

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Es todo un maestro manejando las cartas, ‘teletransportando’ objetos e, incluso, haciendo que las personas leviten. Sin embargo, el mago Jorge Blass asegura que, con el dinero, no hay trucos. “Empecé muy joven en esto y me acostumbré a que, si ganaba x, tenía que intentar ahorrar un 50% o un 30% de lo que recibía”, relata.

Tras más de 20 años en la profesión y después de haber impresionado a estrellas del mundo de la magia como David Copperfield, Blass regresa a los escenarios con un nuevo espectáculo, “Grandes ilusiones”, lleno de trucos de gran formato, de propuestas inéditas y de magia “del siglo XXI”. “El público puede perdonar un error, pero nunca perdona el aburrimiento”, sentencia.

¿Cómo te sientes el día que estrenas un truco nuevo?

En todos los estrenos hay unos nervios que son necesarios, incluso cuando ya llevas tiempo con un espectáculo. Lo que siempre intento es tener todas las soluciones previstas para que, en caso de que algo falle, pueda continuar. Hay que pensar que la Ley de Murphy existe y que el show siempre debe continuar. La gente siempre debe estar vibrando con lo que haces.

¿Y qué pasa cuando algo falla? ¿Alguna vez has cometido un error en el escenario?

Recuerdo que en un estreno me rompí el tendón de Aquiles mientras hacía una levitación. Continué como pude con la actuación, pero nos quedaban dos semanas más de shows y tuve que cuidarme mucho. ¡Terminé la temporada con un pie más que con dos! (Ríe). En el mundo del teatro hay una cosa que se suele decir y que a mí me gusta mucho: para faltar a un ensayo hace falta un certificado médico pero para faltar a una actuación hace falta uno de defunción.

Internet y las nuevas tecnologías ¿han hecho que el público se vuelva más incrédulo?

Sí, más escéptico. Con las nuevas tecnologías, te das cuenta de que lo que más sorprende a la gente es lo más sencillo. Hay una especie de vuelta a los inicios, de vuelta a lo analógico. Su tú mandas un correo electrónico y aparece en no sé dónde, a la gente no le sorprende tanto como ver que una persona desaparece. Yo utilizo la tecnología como una forma de comunicarme en el show: por ejemplo, antes pedía a la gente que eligiera una carta y ahora, que escoja a uno de sus amigos en Facebook.

Precisamente, el truco que mencionas sobre Facebook llegó a llamar la atención del mismísimo David Copperfield ¿no?

Sí, fue algo muy emocionante. Estábamos en un congreso en Las Vegas y él se enteró de lo que hacía. Tuvimos una reunión y me dijo que le había gustado mucho, que si tal vez en el futuro él podría hacerlo… ¡Yo le dije que por supuesto! Aún no ha sucedido, pero sería un honor para mí. Además, me dio dos o tres claves para mejorarlo.

¿Cuánto tardaste en desarrollar este truco?

Quizá haya sido uno de los más complicados. Hay trucos que a nivel de técnica son más difíciles: por ejemplo, hay un número de prestidigitación con el que llevo 15 años y que aún sigo mejorando. Sin embargo, con el de Facebook estuvimos como tres o cuatro años hasta que dimos con la clave.

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Has actuado en el Kodak Theatre de Los Ángeles, en la Exposición Universal de Shangai, en Las Vegas… ¿Qué escenario te ha puesto más nervioso?

Fue cuando yo tenía 19 años. Estaba en Montecarlo y era mi primera salida importante fuera de España. Acudí a un festival que organizaba la familia real y en la que estaba el propio príncipe Rainiero. Recuerdo que tenía muchos nervios, estaba en un país en el que nadie me conocía… Pero al final tuve suerte: me dieron la varita de oro, que es el premio máximo que se otorgaba.

¿Cuál es el truco que más te ha impresionado?

Desde siempre, lo que más me ha impresionado es ver a Juan Tamariz en una mesa, a un metro de distancia. Lo que él hace es realmente asombroso, nadie tiene la técnica ni la psicología que él tiene. Es un genio y yo he tenido la suerte de aprender de él.

Si pudieras utilizar tu magia para cambiar alguno de los problemas que afectan a nuestra sociedad ¿qué elegirías?

Haría desparecer las guerras y el hambre. Es un poco utópico, pero puestos a soñar…

¿Qué importancia das al dinero? ¿Crees que es necesario para ser feliz?

No lo creo. He tenido la suerte de visitar Kenia en un par de ocasiones con la Fundación Abracadabra, con la que hacemos magia solidaria, y allí he visto a niños que son muy felices pese a no tener nada. Al mismo tiempo, también he conocido a gente con mucho dinero que no es feliz, y este tipo de experiencias te hacen darte cuenta de que la felicidad es algo mucho más humano, que depende de cada uno y de cómo afrontemos las situaciones. Lógicamente, cuando uno trabaja quiere ganar dinero para ayudar a su gente, para viajar… Es algo importante a nivel funcional, pero no para ser feliz.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido en tu vida sobre el dinero?

Empecé a ganar dinero siendo menor de edad y logré administrarlo bien gracias a mi familia. No sé si lo leí en algún sitio o si ellos me lo enseñaron, pero siempre tuve claro que si ganaba x, tenía que guardar el 30 o el 50% en una cuenta que no tocara. Y así fui haciendo unos ahorrillos.

¿Recuerdas cuánto cobraste por tu primera actuación?

En mi primera actuación profesional fue en el año 1993, en un restaurante donde hacían espectáculos de magia. Tenía 13 años y gané 30.000 pesetas. ¡Fíjate! No recuerdo muy bien en qué me lo gasté… En cosas de magia, casi seguro.

¿Te consideras ahorrador o derrochador?

Depende del momento. Cuando tengo que hacer un show, soy derrochador. De hecho, en mi oficina siempre me paran los presupuestos porque me dicen “oye, no puedes usar tres bailarinas, 14 ilusiones…” Ahí, siempre derrocho. En cambio, a nivel personal, intento no hacerlo y tampoco tengo grandes vicios como para hacerlo. Además, los autónomos tenemos que ahorrar (Ríe).

En tu día a día ¿eres de tarjeta o de efectivo?

Cada vez soy más de tarjeta y estoy encantado. Creo que es el futuro: es más funcional, ayuda a evitar el dinero negro… 

¿Cuál es tu posesión más valiosa?

Soy poco coleccionista y tampoco tengo amuletos o algo que toque antes de salir al escenario. Tengo una carterita con un as de picas que me gusta mucho… Pero más que eso, casi te diría que mi móvil.

¿Y el capricho más caro que te has regalado?

Un traje que me costó carísimo, unos 4.000 euros, pero me lo compré porque me encantaba. Era espectacular y lo usé mucho tiempo. También me gasto mucho en viajes a congresos, en cosas para los espectáculos…

¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?

Mi móvil, un buen libro y una baraja.

¿Cuál dirías que ha sido el día más importante de tu carrera?

Siempre creo que el día más importante es el siguiente. Lo mejor está por venir, esa es mi filosofía. Ha habido hitos, como cuando hice el anuncio de Telefónica, o cuando gané la varita de oro, que son cosas que cambiaron mi carrera. Sin embargo, en el mundo del espectáculo vivimos mucho de lo que ha sucedido en el último partido. El pasado no vale nada: lo importante es lo que estás haciendo y lo que vas a hacer.

¿Y el mayor logro de tu vida?

Hacer de mi pasión mi profesión. Es un lujo porque, además, nunca tienes la sensación de estar trabajando.

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