Javier Pereira: “La crisis es una maldición para todos”

Javier Pereira

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Hace ya un mes desde que recibió el premio más importante de su carrera: el Goya al mejor actor revelación por su papel en “Stockholm”. Sin embargo, Javier Pereira asegura que todavía no se ha bajado de la nube en la que vive desde entonces. El actor afronta el futuro con ilusión, con ganas de cambiar las cosas y sin miedo. Es más, ni siquiera teme la conocida como “maldición de los Goya” que, según los entendidos, ha provocado que muchos de los que logran el premio tengan luego muchas dificultades para encontrar un nuevo trabajo.

Pereira trata de digerir su primer ‘cabezón’ como el reconocimiento a una primera etapa como actor que comenzó cuando era solo un niño. Con 13 años comenzó a recibir clases en una escuela de teatro y poco después llegaron las series de televisión y el cine, con películas como “Frío sol de invierno”, “Heroína” o “Tu vida en 65’”. “Me encantaría ir a Hollywood, pero prefiero ponerme metas más cercanas. Simplemente, me gustaría verme dentro de unos años como un actor que siguiera trabajando, respetado por lo que hace y con cierto prestigio. Consolidarme en mi país ya me parece un sueño bastante bonito”, afirma.

¿Qué fue lo primero que pensaste cuando pronunciaron  tu nombre en la pasada gala de los Goya?

Fue una mezcla de sensaciones. Por un lado me costó asimilar que se referían a mí, pero luego me relajé muchísimo, sobre todo después del mes que llevábamos desde que se conoció la nominación. Por otro lado pensé “madre mía, ahora tengo que salir ahí, subir las escaleras y hablar ante toda la profesión, delante de toda mi familia y mis amigos viéndome por la tele…”

¿Te da miedo que a ti también te afecte la ‘maldición de los Goya’?

No. La cosa está tan difícil que, con Goya o sin él, cuesta mucho encontrar nuevos proyectos. Si fueran otros años, en los que había mucho trabajo y el que se llevaba el premio no trabajaba, sí me daría más rabia. Pero en esta época, más maldición es difícil. La crisis, de por sí, es una maldición para todos.

En “Stockholm” todos los miembros del equipo trabajasteis gratis. ¿Qué te atrajo tanto del proyecto para trabajar ‘por amor al arte’?

El espíritu de la película, el guión y los personajes. La película nació de un grupo de amigos que, ante la situación actual, se animó a emprender un proyecto y a desarrollarlo por sus propios medios, porque no teníamos ayudas ni subvenciones de ningún tipo. Solo ese espíritu ya hacía que el plan me motivara. Además, creo que los personajes de la película están muy bien escritos, con muchos matices con los que el actor puede jugar. El hecho de que solo apareciéramos dos personas en toda la cinta también es todo un reto porque te planteas que tienes que hacerlo muy bien para que el espectador no se aburra y se ponga a pensar en la lista de la compra.                                                                                             

“Stockholm” fue rodada gracias al ‘crowdfunding’ y a la ayuda de amigos y familiares. ¿El ‘grifo del crédito’ también sigue cerrado para el mundo del cine?

Sí, es muy complicado conseguir financiación, sobre todo con películas que, a priori, no son comerciales, aunque luego funcionen bien. De hecho, mucha gente que no colaboró con “Stockholm” se arrepiente de no haberlo hecho. Aun así, una película como esta no es lo que buscan ni las cadenas, ni las productoras ni las subvenciones.

El cine español ¿está abocado a producir películas ‘low cost’?

A la larga, no es una buena forma de hacer películas. Pero si no se hubieran hecho este tipo de cintas, a lo mejor este año solo se hubieran hecho 25 producciones  españolas. Con lo cual, cuantas más, mejor. Es verdad que tendremos que encontrar una manera de que las películas se hagan cobrando, pero entre todos podremos buscar la manera. La crisis no es nuestro único problema. También está cambiando el modo de hacer y de ver cine. La gente ya no va tanto a las salas, está Internet… El sector se tiene que unir porque hay muchas batallas por pelear.

La primera vez que subiste a un escenario fue como niño de San Ildefonso. ¿Qué pone más nervioso: dar un premio Gordo de Navidad o recoger un Goya?

¡El Goya muchísimo más! (Ríe) El Gordo te pone nervioso porque eres muy pequeño y sientes una gran  responsabilidad, pero lo que experimenté en la gala… Es el momento en que más nervioso he estado de toda mi vida. Es algo único e irrepetible.

Mucha gente piensa que repartir un premio como el Gordo es casi como repartir un poco de felicidad. ¿Estás de acuerdo? ¿El dinero puede hacerte feliz?

No, yo creo que el dinero da comodidad, tranquilidad… pero nunca felicidad.

¿Cuál es la lección más importante que has aprendido sobre el dinero?

Me quedo con un consejo de mi tío, que un día me dijo “no hay que preocuparse mucho por el dinero porque, al fin y al cabo, es un papel, un objeto”. Y eso me hizo quitarle muchísima importancia. Hay que preocuparse lo justo y necesario. Entiendo que, a veces, lo pasemos mal por la situación económica, pero siempre que eso sucede trato de pensar en lo que él me dijo.

¿Recuerdas cuánto cobraste por tu primer papel como actor? ¿Y en qué te lo gastaste?

No lo recuerdo muy bien porque fue con 15 años, pero lo que sí sé es que con esa edad era más del que yo esperaba. Era bastante, pero no sé muy bien qué hice con él… Me daría algún capricho, supongo. Creo que también invité a mis amigos a cenar. Me gusta mucho compartir lo que tengo. 

¿Cuál es tu posesión más valiosa?

Mis amigos.

De no haber sido actor, Javier Pereira habría sido….

Arquitecto. Era una profesión que me gustaba mucho y, además, los números siempre se me han dado bien. Eso sí, no hubiera ido muy bien encaminado… Habría pegado el petardazo primero, pero luego…

¿Cuál es el capricho más caro que te has regalado?

Un viaje de tres semanas que hice a Brasil con unos amigos.

Y si te tocara viajar a una isla desierta, ¿qué tres cosas te llevarías?

Comida –porque disfruto mucho comiendo-, a mi gente y algo divertido… tal vez unos juegos.

¿Te consideras ahorrador o derrochador?

Tengo la suerte de adaptarme a mi economía a cada momento. Y no me importa ser cualquiera de los dos. Suelo tener cabeza para procurar no llevarme grandes sorpresas.

¿Alguna vez has tenido deudas?

Para empezar, tengo hipoteca. ¡Esa es una gran deuda! En este país, todos hemos caído, de una forma u otra, en algún tipo de deuda con el banco.

¿Eres más de efectivo o de tarjeta de crédito?

En general, soy más de efectivo. Hay gente que va muy tranquila pagando con la tarjeta en cualquier sitio, pero a mí no me gusta salir sin dinero. A veces tiro de tarjeta, pero me gusta saber que siempre llevo en la cartera algo de cash.

¿Cuál ha sido el día más importante de tu carrera?

Por cercanía, diría que el día de los Goya. Ha sido un premio muy especial y muy bonito, que me ha llegado en el mejor momento: después de varios años de profesión, de una película que hemos creado nosotros mismos… Se han dado una serie  de circunstancias que han hecho que el premio sea el colofón a una primera etapa en mi carrera.

¿Con quién te gustaría poder compartir una película en el futuro?

Con Eduard Fernandez. Me parece un maestro del que podría aprender mucho.  

¿Cuál ha sido el mayor logro de tu vida?

Elegir algo que me gustara hacer en esta vida. Es una de las decisiones más difíciles y yo tuve la suerte de encontrar algo pronto. No siento mi profesión como un trabajo, sino como un placer. Y poder vivir de ello, sin haber tenido que dedicarme a otra cosa, es una suerte.

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