10 respuestas para saber si la salida de la crisis también llegará al bolsillo del consumidor

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El economista que previó la gravedad de la crisis en España, Edward Hugh, nos ha contado sus pronósticos para los próximos años y por qué la vida de los ciudadanos no volverá a ser como antes.

La economía es como el fútbol. O al menos así lo cree Edward Hugh, el economista que fue capaz de prever la dureza con la que la crisis azotaría a España. A su juicio, es necesario que todos jueguen como un equipo para que las cosas vayan bien. “No como sucede ahora con el Barça”, asegura entre risas.

En el libro que acaba de publicar (“¿Adiós a la crisis?”), Hugh defiende que los ciudadanos deben hacer algunos esfuerzos. Entre otras cosas, pensar de forma más realista, ser conscientes de que sus vidas nunca serán como lo fueron hace unos años e, incluso, de que es necesario tomar medidas dolorosas, como la de bajar los salarios para lograr que se reduzca el paro. Eso sí, también se muestra extremadamente crítico con la falta de unidad de los agentes sociales, con el triunfalismo que muestra el Gobierno y con la escasa perspectiva con la que se analizan los problemas y las soluciones.

1. ¿Empezamos a salir de la crisis o tan solo hemos pasado lo peor?

Estamos empezando a salir, pero la salida es tan frágil que en la calle apenas se nota. En la vida nunca sabemos si ha pasado lo peor o no. Lo único que podemos decir es que la crisis financiera, de momento, ha terminado. Y eso es una buena noticia. Pero esa mejora en la Bolsa, en los mercados, en la capacidad del Gobierno para financiarse… no ha llegado al bolsillo de los ciudadanos. Y no sé si eso cambiará mucho en un futuro inmediato.

2. ¿Cuáles son los ingredientes que harán que sea complicado que la recuperación llegue al bolsillo de todos?

En primer lugar, hay que entender que, antes de la crisis, el crecimiento fue un poco irreal, porque era un crecimiento que no estaba basado en un aumento de los ingresos, sino en que se concedía más crédito. De esa forma, la gente podía endeudarse y gastar bastante más. Ahora estamos en otro momento porque no solo no disponemos de crédito, sino que hay que devolver el crédito que pedimos y nuestra capacidad de consumir es menor. Por otro lado, hay que tener en cuenta que todas las economías más desarrolladas (desde Estados Unidos a Japón) tienen unas tasas de crecimiento muy bajas (del 1-2%), mientras que antes podíamos llegar al 3-4%, como sucedía en España. Y a todo esto hay que sumarle que estamos en un momento de cambio demográfico. Estamos convirtiéndonos en sociedades que tienen cada vez más personas mayores e, incluso, cada vez menos población, como pasa en España. Hasta ahora, nuestro crecimiento se había basado en la inmigración, pero ahora no solo han dejado de venir personas, sino que se van. Ese cambio de rumbo nos ha cogido en un momento complicado, con una tasa de paro del 26%. Y en estas circunstancias es muy difícil que tengamos capacidad de generar suficiente empleo.

3. A su juicio, ¿alguno de esos factores será más importante que los demás?

Sí, la salida de los jóvenes –sobre todo, los más cualificados- pone en peligro el futuro de país porque ellos son el futuro. Creo que las prioridades, desde un punto de vista generacional, están mal planteadas. Debemos dar más prioridad a los más jóvenes y, los mayores, pensar que debemos soportar un poco más el coste de la crisis. El principio de sostenibilidad de las pensiones dice que las pensiones pueden ser lo que pueden ser. Si hay más personas, habrá una pensión inferior para cada uno. Pero si hacemos un cambio pensando en el largo plazo y logramos que más gente se quede trabajando en el país, las cosas pueden cambiar.  No estamos pensando con la suficiente flexibilidad en este tema.

4. ¿Por qué la vida (económica) de los ciudadanos ya no será como la de antes?

Nos guste o no, hemos vivido el mejor momento de la historia, no solo en España, sino también en otros países. Hemos tenido los porcentajes más altos de población trabajando y, a partir de ahora, eso va a bajar. Por otra parte, vivíamos del crédito y ahora vamos a tener que devolver lo que nos han prestado y eso se notará. Ahora bien, yo creo que se puede vivir mejor sin más cosas. Podemos buscar calidad de vida en vez de cosas materiales. Eso sí, lo digo reconociendo previamente que hay un 26% de la población que está excluida, que hay ONG (por ejemplo, en Cataluña, donde yo vivo) que han alquilado pisos para que los profesores lleven a los niños a ducharse porque en sus casas no tienen agua caliente… Hay personas excluidas de la vida material. Pero para al resto, para la clase media, nos hace falta más calidad de vida, no más cosas. Además, deberíamos dar más prioridad a tener una sociedad más igualitaria y para eso todos tenemos que jugar del mismo lado, como un equipo.

5. ¿Cuál sería el paso más importante que habría que dar en este momento?

Para avanzar, hay que devolver la confianza. La forma en la que se ha gestionado la crisis ha provocado que el ciudadano tenga más desconfianza y, en este sentido, la transparencia es un elemento esencial para lograr una solución. Hay que devolver la confianza en los políticos, en el sistema financiero, en la patronal, en los sindicatos… Yo apoyo la propuesta del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que todo el mundo debe sentarse en una mesa a hablar, incluso colectivos como el del 15M. De esa forma, se podría llegar a un pacto consensuado y reconocer que, tal y como están las cosas, no se puede seguir mucho tiempo. El diálogo es necesario para buscar una salida. Sin embargo, el triunfalismo del Gobierno provoca que no nos sentemos a hablar porque parece que no hay nada que debatir.

6. ¿Cuál ha sido el mayor error que han cometido las autoridades españoles hasta la fecha?

Es difícil hablar de una cosa: se negó que los bancos tenían problemas, que las pensiones pueden empezar a bajar… Es necesario que se planteen los problemas que vienen y que dejen de justificar cómo se ha actuado en el pasado. Los que toman las decisiones tienen que responsabilizarse de lo que hacen y, si algo no funciona, aceptar que no ha funcionado.

7. ¿Cómo pueden prepararse los ciudadanos para el futuro incierto que se nos viene encima?

Tenemos que ser más realistas en todo y hacer un reajuste psicológico. Es como cuando muere un ser querido: tienes que dejarle ir y empezar de nuevo. Y colectivamente, es lo que estamos haciendo: dejar atrás ciertas cosas, poner los pies en la tierra y retomar los sueños.

8. ¿Es realmente necesario bajar aún más los sueldos para lograr que se recupere el mercado laboral?

El problema es que la gente tiene miedo a la picaresca que pueda surgir si se llevan a cabo este tipo de medidas. Es decir, que yo haga un sacrificio y el de al lado, no. La propuesta del FMI de bajar los sueldos trata de combatir la exclusión social y, para eso, dice que hay que ganar lo mismo, pero en vez de trabajar 100, trabajar 110, siempre que haya un compromiso de que se va a colocar a más gente, sobre todo jóvenes. Al final, el ciudadano va a tener que cargar con el esfuerzo de una forma u otra: o bien, pagando más impuestos, o bien bajando su sueldo para que la gente que está en su casa sin trabajar pueda incorporarse al mercado laboral.

9. ¿Qué promesas y previsiones podemos creernos respecto al futuro de la economía?

Las previsiones que hay para este año no son disparatadas: podemos llegar al 1 o 1,1% de crecimiento y seguro que terminamos con más empleo que al principio. El problema es que los pasos que se dan son demasiado pequeños en relación al problema que tenemos. Hay un desfase entre el discurso que dan las autoridades y lo que realmente ocurre,  y no creo que vayamos a experimentar un arranque similar al de otras ocasiones.

10. ¿Hay margen de maniobra para hacer algo o ya es demasiado tarde?

Nunca en la vida es demasiado tarde, pero el primer paso está en reconocer que hay que hacer cosas. Decir que “vamos bien” o que “hemos pasado el Cabo de Hornos” no es el mensaje que hay que dar. El mensaje es que hay un camino bastante duro por delante y que tenemos que hacerlo juntos. 

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