Las domiciliaciones son el punto débil de la SEPA, según el Ecofin

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Los ministros de Economía de la Unión Europea confirman que los consumidores tendrán hasta el 1 de agosto para adaptarse a la nueva ‘Zona Única de Pagos en Euros’ y advierten de que las nuevas domiciliaciones bancarias son los trámites que más retraso llevan en su transición al nuevo modelo.

La adaptación a la nueva ‘Zona Única de Pagos en Euros’ (SEPA por su siglas en inglés) es casi una realidad. Según el Consejo de ministros de Economía de la Unión Europea (Ecofin), la gran mayoría de los estados miembros están plenamente adaptados para operar en este nuevo espacio para la circulación del dinero. Sin embargo, aún hay lagunas importantes en determinados países y en algunos trámites, como las domiciliaciones, que aún no estarían listas para este cambio.

La entrada en vigor de la SEPA se produjo el pasado 1 de febrero. Sin embargo, la Comisión Europea propuso en enero que la fecha se prorrogara otros 6 meses más para minimizar los posibles perjuicios que pudieran sufrir tanto consumidores como empresas, ya que la adaptación a este nuevo especio todavía llevaba cierto retraso, tal y como te explicamos en Kelisto. En su última reunión, celebrada ayer, el Ecofin aceptó esta sugerencia (que ya se daba prácticamente por aprobada) y confirmó que tanto las transferencias como los sistemas de pago antiguos y los nuevos convivirán hasta el próximo 1 de agosto.

En un comunicado publicado hoy, el Ecofin ha explicado que la mayoría de los países de la Unión Europea están plenamente adaptados a la SEPA. Sin embargo, ha destacado que todavía hay estados que no están suficiente preparados y trámites que todavía llevan retraso en su adaptación, como los llamados “adeudos directos”. Estas operaciones son las que permiten hacer un cobro en la cuenta de un deudor y, por tanto, las que posibilitan que una empresa domicilie recibos a sus clientes (por ejemplo, los de una comunidad de vecinos, un colegio, etc.).

Según los últimos datos de la Comisión de Seguimiento de la Migración a la SEPA, correspondientes al mes de enero, solo el 15,12% de los adeudos directos en España habían migrado al nuevo espacio europeo de pagos, frente al 41% de media en la Zona Euro. En cambio, en el caso de las transferencias, el 82,3% del total ya estaban listas en nuestro país, frente al 73,8% de media en los países que comparten la moneda común.

Las tarjetas, el tercer instrumento que cambia con la entrada en vigor de la SEPA, son casi una excepción, ya que su adaptación se realizó con mucha antelación. De hecho, desde marzo de 2012, más del 95% de los cajeros, TPVs (Terminal de Punto de Venta) y tarjetas ya estaba adaptado al nuevo sistema común.

Nuestra opinión

Lo que ha sucedido con la adaptación de la SEPA era de prever. El pasado mes de noviembre, a solo unos meses de su entrada en vigor, el propio Banco de España no era capaz de ofrecer unas cifras exactas de la adaptación  a los nuevos instrumentos de pago en nuestro país y ni siquiera había puesto en marcha una campaña para informar a los ciudadanos. De hecho, en aquel momento, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, se limitó a pedir a las entidades financieras que realizaran un esfuerzo para trasladar todas las novedades al consumidor.

Finalmente, esta prórroga deja entrever que el esfuerzo por parte de los países y de los agentes implicados no ha sido suficiente. Pese a que las entidades financieras y las administraciones públicas, en el caso de España, sí han hecho los deberes a tiempo, la parte más vulnerable de este proceso (ciudadanos y pymes) no ha tenido la misma capacidad. Estos seis meses les permiten tener un margen de maniobra, pero nunca se debería haber llegado a tal extremo, y más si tenemos en cuenta que la SEPA comenzó a gestarse hace ya varios años. 

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