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¿Merece la pena que te declares en concurso de acreedores?

Pablo López Herrero,
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mazo de un juez
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La ley permite a empresas y familias acogerse al procedimiento concursal. Te contamos los puntos más importantes que debes tener en cuenta si te planteas declararte en concurso de acreedores.

En los últimos años, empresarios tan populares como Gerardo Díaz Ferrán, expresidente de la CEOE y Viajes Marsans, o Fernando Martín, presidente de Martinsa-Fadesa y expresidente del Real Madrid, se han visto inmersos en concursos de acreedores para particulares. Sin embargo, sus casos no deben llevarte a error: este tipo de procedimientos (que es lo que antes se denominaba “declararse en quiebra”) no son tan beneficiosos para el ciudadano de a pie como podría parecer. Como verás a continuación, las deudas no se extinguen y el proceso no es precisamente barato.

1. ¿Qué es un concurso de acreedores y quién lo puede solicitar?

Es la situación judicial que se produce cuando una persona, física o jurídica, cae en una situación de insolvencia que le impide cumplir regularmente con sus obligaciones. Dicho de otra manera, cuando una empresa o un particular observa que no es capaz de hacer frente a sus pagos, puede solicitar el concurso de acreedores ante los juzgados de lo mercantil.

El concurso de acreedores también puede ser solicitado por uno de los acreedores, es decir, por una de las personas a las que un particular o una empresa deben dinero. Si el concurso lo solicita un acreedor, se denomina “necesario” y tiene algunas diferencias sobre el concurso “voluntario”, que es el solicitado por el deudor.

2. ¿Cuál es su regulación vigente?

La Ley 22/2003, Ley Concursal, entró en vigor en septiembre de 2004 y su principal objetivo era unificar los diferentes procesos de quiebra y suspensión de pagos en uno solo. Se ha reformado en ocasiones puntuales en los últimos años y la mayor parte de abogados y asociaciones de consumidores critican que su redacción está pensada para las empresas y no es válida para los particulares sin actividad empresarial.

3. ¿Cuál es el objetivo de la Ley Concursal?

Alcanzar un acuerdo (denominado “convenio” por la ley) entre deudor y acreedores. Para ello, se deben determinar y ordenar las deudas (lo que se conoce como “masa pasiva”) y los activos del deudor, es decir, sus propiedades y sus ingresos actuales (es la denominada “masa activa”, que está compuesta por todo el patrimonio del deudor).

El objetivo del procedimiento concursal es determinar lo que debe una persona y lo que tiene, con el objetivo de “lograr la satisfacción de los acreedores”, tal y como dice la exposición de motivos de la Ley Concursal, teniendo en cuenta que mientras dure el proceso la persona concursada debe mantener su actividad, es decir, debe garantizarse que el deudor pueda seguir trabajando y obteniendo ingresos.

4. ¿Qué sucede cuando te declaras en concurso de acreedores?

Cuando el juez aprueba el concurso de acreedores se detienen de forma inmediata los embargos que estuviesen en marcha, los pagos pendientes y la generación de nuevos intereses. Hay que tener en cuenta, que el embargo de la vivienda solo se detiene si los ingresos de la familia se generan en el domicilio (por ejemplo, un médico que pasa consulta en su vivienda), por lo que si una familia solicita el concurso de acreedores con una orden de desahucio sobre su casa, esta seguirá su marcha de manera irremediable. Este extremo pone en tela de juicio la conveniencia del proceso concursal para las familias sin actividad empresarial, máxime cuando, según los datos del Banco de España, un 77% de la deuda de las familias  es deuda hipotecaria.

Posteriormente, el juzgado nombra a un administrador concursal que interviene las cuentas y otros ingresos que pueda tener el deudor. Debe emitir un informe sobre su situación financiera y determinar el importe del denominado “derecho de alimentos”, una cantidad con la que se trata de garantizar un mínimo nivel de vida para el deudor y cuya cuantía depende de la situación anterior al concurso  y de las cantidades consideradas inembargables por la Ley de Enjuiciamiento Civil.

La función del administrador cambia dependiendo del tipo de concurso que se produzca. En el caso de los voluntarios, esta figura se limita a autorizar si el deudor puede disponer o no de sus bienes. Sin embargo, en los concursos necesarios, se responsabiliza de todos aquellos movimientos que se realicen en el patrimonio del concursado.

5. ¿Cómo se soluciona el concurso de acreedores?

El objetivo final del concurso de acreedores es alcanzar un convenio entre las partes que establezca las condiciones en las que se abonarán las deudas por parte del deudor. Ese convenio puede, y suele incluir, una ampliación del plazo de la deuda (hasta 5 años) y reducir el importe de la misma hasta en un 50%.

La forma más rápida y sencilla para la tramitación del concurso es la aprobación del convenio propuesto por el deudor. En caso de no aceptarse, se elabora un segundo convenio a propuesta de la denominada “junta de acreedores”, formada por los propios acreedores, el deudor, el administrador concursal y el juez.

Para dar luz verde al convenio, la propuesta tiene que aprobarse por un número de acreedores que representen, al menos, el 50% de la deuda total del afectado. Si no se llega a un acuerdo o se incumple, el deudor está condenado a la liquidación. En el caso de una empresa, la liquidación está perfectamente regulada en diferentes normativas mercantiles y supone la venta de todos sus bienes con el objetivo de pagar a los acreedores. Una vez que los bienes se han agotado, ya no hay responsabilidad ninguna.

Sin embargo, en el caso de las familias esto cambia radicalmente, pues, tal y como reconoce a Kelisto.es Jesús López Pelaz, director del bufete Abogado Amigo y experto en Derecho mercantil “una vez liquidado todo el patrimonio, si éste no alcanza para cumplir con las obligaciones, las deudas subsisten al término del concurso”. Aunque desde este bufete se reconoce que el concurso puede ser muy útil para lograr reducir la deuda y obtener más plazo para pagar, “si el acuerdo no se alcanza, los resultados pueden ser muy perjudiciales para los intereses del deudor. Acudir al concurso de acreedores debe estudiarse con gran precaución”.

Sí se aconseja el proceso concursal a familias que acumulen niveles importantes de sobreendeudamiento y cuya situación actual de ingresos sí les permita hacer frente, en el caso de tenerla, al pago de la hipoteca. Estaríamos hablando de personas que mantienen su trabajo y que gracias al porcentaje de deuda que se perdonaría y al mayor plazo del que dispondrían para pagar, estarían en una situación más liberada con la que hacer frente al pago de sus deudas, sin dejar de pagar su hipoteca.

6. ¿Cuánto cuesta acogerse a la Ley Concursal?

Declarar un concurso de acreedores no es un proceso barato. A los costes que genera la contratación de un abogado y un procurador, tendremos que sumar los honorarios del administrador concursal y las diferentes exigencias de comunicación que recoge la ley. En total, el coste mínimo rondaría los 6.000 euros, siendo la parte más importante la destinada a publicitar el concurso de acreedores y al pago de abogado y procurador. De todos modos, el coste final dependerá de la cuantía de las deudas y de la complejidad del concurso, que determinará el tiempo necesario para su resolución.

7. ¿Qué alternativas tengo, como particular, al concurso de acreedores?

En el caso de deudas hipotecarias, la reciente Ley de Protección de Deudores Hipotecarios permite que el deudor tenga algunos beneficios para flexibilizar el pago de su hipoteca, tal y como te explicamos en Kelisto. En casos muy concretos, incluso, se abre la puerta a la tan ansiada dación en pago, que permite saldar la deuda entregando la vivienda. Cuando hablamos de los créditos personales, es más factible alcanzar un acuerdo para pagar las deudas en un plazo mayor.

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